jueves, 8 de abril de 2021

El buen maestro

Pretenda este ser el primer post de espero que muchos, dedicado a hacer una "review" de películas sobre alumnos y profesores, sobre la problemática en las aulas, sobre educación al fin y al cabo. Esta vez hablaré de "El buen maestro", o en su título original "Les grands esprits". La película sigue la historia de un acomodado profesor de Lengua de un instituto parisino que se va a trabajar a un colegio del extrarradio. Como es de esperar, la realidad que allí encuentra, hará que se sienta como un principiante, que se cuestione sus métodos y que ponga a prueba su vocación por la enseñanza. Si bien hay aspectos de la película que no son extrapolables al sistema educativo en España, los conflictos a los que se enfrentan alumnos y profesores en la película son universales. Analizaré uno a uno los puntos que, a mi modo de ver, constituyen una realidad para los que estamos a diario en las aulas.

El primer aspecto en el que hace hincapié el profesor protagonista es la necesidad de que sean los profesores más experimentados los que tengan por destino institutos a priori más problemáticos, como pueden ser los del extrarradio. Dice François (como buen francés, así tenía que llamarse) que estas plazas acaban siendo cubiertas por profesores nobeles, que ávidos de trabajar, son enviados a las trincheras sin la experiencia necesaria para salir indemnes de la batalla. Ya sea por mala gestión institucional o porque los profesores más veteranos se aburguesan en sus puestos de trabajo, lo cierto es que a los profesores más jóvenes es a quienes les toca normalmente, abordar los casos más complicados. Trasladando esto a lo que sucede en nuestros colegios, es habitual que los veteranos rehúsen dar clase en grupos "conflictivos" como pueden ser los de 2º y 3º ESO. Estos, suelen quedar relegados al profesor nuevo, al recién llegado, que debido a su inexperiencia, corre un alto riesgo de desgaste psicológico. Creo yo que lo más lógico sería darle al profesor experto el grupo que más dificultad entraña y al novato, un grupo de alumnos más mayores con los que pueda ir haciendo callo. En mi opinión, esta medida beneficiaría a ambos, a los alumnos y al profesor nobel, por descontado.

El segundo aspecto relevante de la película es el abordaje que el profesor hace de los alumnos. Durante el primer trimestre, con la intención de crear un clima amable en el aula, se muestra cercano e incluso sigue los consejos de una profesora nobel (que llora frustrada preguntándose como conectar con los chavales) de organizar una merienda en clase. Como es de esperar, la cosa acaba yéndose de madre. El antiguo profesor veterano (ahora nobel) ha cometido el primer error de manual de cualquier novato. Que tire la primera piedra quien esté libre de pecado. Ante semejante despropósito, decide cambiar de estrategia en el segundo trimestre y convertirse en teniente-coronel del ejército del aire. Desciende a la inmundicia más pura llegando a llamar idiota a un alumno. Vuelve a fracasar, esta vez aún de forma más estrepitosa. Finalmente, tiene una revelación, un fenómeno bien conocido por los que nos dedicamos a la enseñanza: "el efecto pigmalión", que consiste en que un alumno será capaz de llegar a donde su profesor piense que va a llegar. Confiar en la valía de los estudiantes, escucharlos activamente y conocer sus intereses son las herramientas del profesor excelente. François es el héroe que se centra en las virtudes de sus alumnos, premia su esfuerzo con buenas notas y consigue que se enganchen a la lectura gracias a "Los Miserables", de la que destaco la maravillosa frase "los espíritus que no leen, adelgazan". Hay una escena fantástica en la que ve a dos alumnos copiando, y en vez de penalizarlos, los felicita públicamente por su trabajo. Y otra en la que tira los libros al suelo y le da un vuelco a la novela, presentando a los personajes como víctimas del infortunio y la violencia, pues esas son las historias que suscitan el interés de los estudiantes.

Por último y no menos importante, la película nos muestra al antagonista del héroe, encarnado esta vez por el profesor de Matemáticas, que a pesar de su juventud está terriblemente hastiado y deseando cambiar de trabajo. Se ha instalado en la queja permanente y dedica todo su tiempo a hablar de la ignorancia y falta de ganas de sus alumnos. Su amargura es tal que su día a día está plagado de mordacidad, de crítica hacia los compañeros que intentan innovar. Es un profesor que grita, castiga y no acepta sugerencias del que acaba de llegar. Está a la defensiva, no quiere que le den lecciones. Un personaje que a más de uno le pueda ser familiar. A mi modo de ver, lo más interesante de la película es que sea el profesor joven (y no el veterano) el pesimista, el de la actitud lastimera, quizás fruto del desamparo y la frustración durante los primeros años. Las lecciones más importante de la película son para mí: 1) el profesor joven e ilusionado es susceptible de dejar de estarlo sin los cuidados psicológicos y emocionales adecuados, 2) hasta el profesor más experimentado, nunca deja de aprender, de reinventarse, pues cada grupo, cada clase trae consigo nuevos retos a los que enfrentarse.

https://www.filmaffinity.com/ec/film608271.html

lunes, 25 de enero de 2021

El alquimista de sueños

Solo mencionar su nombre, se hacía el silencio en el aula. Cuando atravesaba los pasillos del instituto con su bata blanca, todo el mundo se callaba. Era mucha la autoridad que aquel hombre ostentaba. Su físico, imponente, su semblante permanentemente serio y su mirada, su mirada te atravesaba. Conocido en toda la ciudad, nadie como él preparaba la Química para Selectividad. Al principio, los alumnos nos sentíamos intimidados por su voz profunda, sus grandes gafas y sus casi dos metros de altura. Con el tiempo, el temor se convirtió en admiración hacia aquel hombre que no sólo nos preparaba para un examen, sino también para la universidad, para la vida.

El profesor de Química fue de las primeras personas del instituto en tratarnos como adultos. Se dirigía a nosotros de usted, nos hacía tomar apuntes en folios y colgaba las notas de los exámenes en el tablón de clase. Si queríamos saber nuestros errores forzosamente teníamos que acudir a su despacho, donde no solo te explicaba en qué habías fallado, sino que también te hacía reflexionar sobre la importancia de competir contigo mismo. En el aula, sus lecciones eran magistrales, boquiabiertos nos quedábamos oyéndolo hablar de estequiometría, de termodinámica, de entropía. En el laboratorio, nos descubrió el maravilloso mundo de las reacciones químicas, con pequeñas explosiones y cambio de colores.

Nunca olvidaré cuando nos encargó construir una red cristalina con palillos y plastilina. Cuando le hacíamos entrega de nuestra pequeña obra de arte, él se la llevaba al laboratorio sin decir nada. Un buen día, apareció con una inmensa estructura de redes cristalinas. Me lo imaginé montando la figura, haciendo encaje de bolillos con sus inmensas manos. Aquel día, yo estaba en primera fila. Cual fue mi sorpresa, cuando sacó un martillo de debajo de la mesa y golpeó la estructura con mano certera, saliendo los palillos y la plastilina disparados. Atónitos estábamos cuando él pronunció solemnemente la frase "acabamos de demostrar la fragilidad de los cristales". Quince años después, sigo recordando la fragilidad del enlace y el tremendo susto que me llevé al descubrirlo. 

Como alumna, nunca se me dio por pensar en él como padre de familia, hasta el día que lo vi por la calle, paseando con su hijo. Es curioso lo que nos cuesta pensar en que los profesores tengan una vida fuera del colegio, como si no fuesen personas de carne y hueso. Vestido de calle, en compañía de su familia, ya no me daba miedo, era un ser humano normal y corriente, con problemas como todos. Desde aquel día, no lo volví a ver con los mismos ojos. Es cierto que era un profesor muy exigente, pero nos exigía porque amaba su profesión y quería lo mejor para nosotros. Su único deseo era que todos sus alumnos consiguiésemos la nota que daba acceso a nuestros sueños. Pasados unos años, volvimos al instituto a agradecerle lo que había hecho por nosotros. Larga vida a los maestros.

sábado, 16 de enero de 2021

Oh, capitana, mi capitana!

Era un día de verano, recién terminada la carrera, cuando ella, me hizo una propuesta. Por aquel entonces, yo estaba confundida, con veintidós años, aún no tenía claro que quería hacer con mi vida. Me gustaba estudiar pero me asustaba comprometerme para al menos, los siguientes cinco años de mi vida. Así que fui sincera y le dije "con todos los pájaros que tengo en la cabeza, no sé si seré capaz". Ella me contestó, "esos pájaros no tienes por qué perderlos, son los que te hacen especial". Y aunque dedicarme a la investigación no es algo que me hubiese planteado con anterioridad, me di cuenta de que hacer el doctorado con ella era una oportunidad que no podía dejar escapar. 

Así comenzó una gran aventura, en la que no pocas fueron las veces que creí naufragar. Siempre que me invadía el cansancio, ella estuvo a mi lado, ayudándome a remar. Ahora pienso que sería de esa joven grumete sin una capitana que la guiase en tan largo viaje. Durante los primeros años, gracias a ella aprendí la lección más importante de todas: aprendí a fracasar. Fueron muchas las jornadas de trabajo sin resultados, en las que ella, tenaz como la que más, me enseñó a ser resiliente y a ver los errores como oportunidades de mejorar. Con el paso del tiempo, se convirtió para mí en un referente, no sólo a nivel académico, sino sobre todo personal. Pasión por el trabajo, empatía y humildad.

Ella fue una de las primeras en darse cuenta de que lo que más feliz me hacía en la vida era enseñar. Supongo que por eso, me abrió las puertas del aula magna y me confió su clase magistral. Cuando ya no pudo enseñarme más, movió cielo y tierra para mandarme al extranjero, pues no sólo quiso ofrecerme una formación completa, sino también regalarme una gran experiencia vital. Gracias a las herramientas que ella me dio, reuní el valor para navegar sola en otros mares, para afrontar nuevos retos y vencer tempestades. Siempre pendiente de mi pero en segundo plano, consiguió que ganase confianza en mí misma y que decidiese libremente a qué quería dedicar mi vida.

Después de seis años de travesía, juntas llegamos a puerto. Una tesis se leyó y la grumete con honores, se graduó. Su capitana estuvo allí en todo momento, elogiando sus virtudes y premiando su esfuerzo. El afecto era mutuo y el logro compartido, pues la grumete sabía que bajo la tutela de cualquier otra persona, jamás habría llegado a puerto. Y en los agradecimientos del manuscrito, así lo hizo constar. Pero la historia no terminó ahí, pues la magnanimidad de la capitana era tal, que la instó a soltar al fin sus pájaros, ser fiel a su corazón y buscar a nuevos grumetes a los que guiar.

martes, 5 de enero de 2021

Un paseo por la ESO

Sin lugar a la dudas, la etapa que va de los doce a los dieciséis años es una de las más importantes en la vida de las personas. Dicen los expertos que en este período es cuando el cerebro cambia más, miles de conexiones neuronales se destruyen y otras tantas se forman. El sistema nervioso está en plena ebullición. Esto se traduce en una extraordinaria capacidad para aprender y asimilar nuevos conceptos, así como una gran facilidad para distraerse y olvidar lo importante. Todo ello, entre cambios de humor e intentos de forjar una personalidad. Ninguna otra época de la vida es tan trepidante como convulsa.

En 1 de ESO, los alumnos aún mantienen la inocencia de la Primaria. A esta edad, aún hablan de sus padres y de que se van a pedir un telescopio en Navidades. El profesor es una figura que despierta admiración. Como docentes, resulta fácil sorprenderlos y están altamente motivados para aprender. A priori, les asustan las actividades libres, pues están acostumbrados a trabajar de forma muy pautada. Son muy participativos y por lo general, trabajadores. Sus principales problemas radican en la comprensión lectora, siendo este un aspecto muy importante a trabajar  en el aula. El principal caballo de batalla es que aprendan a llevar su agenda y que hagan los exámenes a boli y no a lápiz. 

En 2 y 3 de ESO, los alumnos sufren una especie de "enajenación mental transitoria" o en lenguaje común, edad del pavo. A esta edad, su prioridad son los salseos, los amigos y las redes sociales. Salvo excepciones, el profesor es una figura que despierta animadversión. En estos cursos, es frecuente que diseñemos actividades a nuestro parecer interesantes, que obtienen la más absoluta indiferencia en el aula. La participación es muy inferior que en el curso precedente, influenciada ya por ese agudo sentido del ridículo que desarrollan los adolescentes. Lo más difícil a este nivel es motivarlos y que se pongan a a trabajar cuando la charla y el bullicio son mucho más interesantes. Ahora bien, si se ponen, sus resultados son fascinantes.

En 4 de ESO, los alumnos empiezan a mostrar signos de madurez, siendo posible establecer con ellos una relación similar al Bachillerato. A esta edad, los chavales ya empiezan a pensar qué quieren hacer en un futuro y suelen estar más centrados en los estudios, pendientes de conseguir el ansiado título. El profesor puede incluso erigirse en referente profesional. En este curso, es posible llevar a cabo otro tipo de actividades, como los debates, ya que los alumnos ya no tienen miedo de expresarse delante de sus compañeros. Como sucedía en el primer curso, la participación es alta e incluso surgen cuestiones fuera del temario. Con dieciséis años, los ánimos están más calmados y es posible el diálogo. 

La ESO es una montaña rusa de experiencias y emociones, donde tiene lugar el tránsito a la vida adulta, donde surgen las pasiones y los primeros amores. Cuando un día es el más alegre y el otro, el más triste. Es en este período cando empiezan a asomar las vocaciones y cuando los docentes nos enfrentamos a los desafíos más duros de nuestra profesión, pero también los más estimulantes. Esos que no se borran, que permanecen en la memoria a pesar de los años.

lunes, 12 de octubre de 2020

El método científico o el día de la Marmota

Por todos es sabido que el currículum de la ESO es bastante reiterativo en lo que a contenidos se refiere. Uno de los que más se repite en las materias de Ciencias es el método científico, desde la Biología de 1º ESO hasta la Física y Química de 4º ESO. En estas semanas, es posible que haya dibujado el mapa mental sobre las fases del método científico mínimo unas diez veces. ¿Cómo trabajar entonces el tema sin que los alumnos tengan la impresión de vivir en el día de la Marmota? Os dejo algunas propuestas por si fueran de utilidad.

En Biología de 1º ESO, curso en que los alumnos presentan un gran interés por el aprendizaje, el método científico podría plantearse como un proyecto trimestral con peso en la evaluación. Se trataría de que realizasen una investigación doméstica sencilla y elaborasen el informe correspondiente. El libro de texto plantea el experimento de Darwin sobre las semillas de alpiste. Una alternativa en tiempos de COVID, sería el experimento con pan de molde sobre la importancia de la higiene de manos. Una actividad de interés para que los alumnos practiquen la observación y la recogida de datos a lo largo de varias semanas. https://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/10/02/59cbd7d6e5fdeacc7c8b45f1.html

En Biología de 3º ESO, el método científico adquiere un enfoque más teórico. Con solo dos horas semanales, la materia se reduce a su mínima expresión. Previa explicación de las fases por parte del profesor, se entregaría a los alumnos dos textos sobre grandes descubrimientos de la Medicina - la vacuna de la viruela de Jenner y la penicilina de Fleming - en los que los estudiantes habrían de identificar cada una de las fases. Esta actividad permitiría aplicar conocimientos y contribuir al desarrollo del pensamiento deductivo, introduciendo transversalmente el tema de la prevención y tratamiento de las enfermedades infecciosas (Si te interesa, te envío por correo los textos).

En Física y Química, desde 2º a 4º ESO, convendría centrarse en la fase de resultados, realizando actividades de interpretación de tablas y gráficas, las cuales resultarán muy útiles en temas próximos. Así mismo, se mostraría un "paper" de investigación real en el que se señalarían sus distintas partes: introducción, material y métodos, resultados y discusión y bibliografía. Sin olvidarnos, por supuesto, del más que socorrido período del péndulo. Esta experiencia, en caso de no acudir al laboratorio, podría trabajarse en el aula, utilizando alguno de los numerosos vídeos de Youtube al respecto. https://www.youtube.com/watch?v=DVsxDRI7Ggc

martes, 29 de septiembre de 2020

Docencia igual a supervivencia

El inicio de curso siempre es un momento estresante, cuanto más con la que está cayendo. Protocolos cambiantes, horarios provisionales, aulas espejo, alumnos ansiosos y profesores estresados. Si a ello sumamos las mascarillas, un batiburrillo de gente que no se entiende. Profesores que se quedan sin voz y alumnos que no escuchan. Qué difícil estudiar en estos tiempos en los que por no poder intercambiar material, dependemos de la informática, y cuando esta nos falla, nos quedamos en cueros. Veamos pues cual sería la situación en el aula COVID.

Supongamos que en una clase hay treinta alumnos apretados con mamparas de por medio. Los de las filas de atrás no ven la pizarra con tanto reflejo y el caos se desata cuando los pobres quieren seguir la clase. Soluciones posibles: a) usar pizarra digital y compartirles pantalla para que vean lo que escribes en sus ordenadores, b) colgarles en la plataforma una fotografía del mapa mental que has elaborado para que lo copien en sus cuadernos. Paso previo, encomendarse a todos los santos para que la red aguante.

Supongamos que en otra clase de treinta alumnos, cinco de ellos se turnan diariamente para ir al aula-espejo, esto es, un aula vecina en la que por videoconferencia pueden seguir la clase. El profesor debe activar la parafernalia correspondiente, asegurarse de que la cámara enfoca el encerado y compartir pantalla. La ansiedad va en aumento cuando la red se cae, la emisión se detiene y perdemos a los del otro lado. En el aula-espejo, la desesperación crece al no escuchar las explicaciones, bien porque la red se cae, el ordenador se queda sin batería o el micrófono no es capaz de recoger la voz del profesor embozado. 

Los momentos de alivio son aquellos en los que bebes agua. El esfuerzo vocal es tal que la garganta se seca en un instante. El problema surge cuando después de tanto "drinking", te dan ganas de ir al baño y no tienes tiempo, ya que los alumnos han de estar permanentemente custodiados, también en el patio. Bajas al recreo con el grupo con el que estabas, los vigilas diez minutos y cuando llega el compañero a darte el relevo, vas a buscar al siguiente grupo de clase. Engulles una manzana y aprovechas esos deliciosos minutos para tomar algo de aire, ya que la cabeza empieza a dolerte por efecto del dióxido de carbono exhalado. Y al terminar la jornada, vuelves a casa extenuado. La batalla ha comenzado.

viernes, 28 de agosto de 2020

Guía para ser profesor en la escuela privada

La gran mayoría de las personas que cursan el Máster de Profesorado, se dedican a estudiar oposiciones para convertirse en funcionarios públicos. Algunos se apuntan a academias y se dedican íntegramente a ello, otros lo compatibilizan con trabajos, ya sea dentro o fuera del ámbito educativo. Sin lugar a dudas, la educación pública es la opción que mayor estabilidad ofrece al profesorado. Sin embargo, existen otras opciones para ejercer la enseñanza, que son los colegios privados y concertados, en donde la contratación se basa en el currículum y experiencia, la valía de cada uno y las materias que el docente pueda impartir, esto es, las famosas habilitaciones.

A este respecto, existe una normativa nacional en la que se especifican las materias que un licenciado/diplomado/graduado puede impartir en función de sus estudios. Algunas habilitaciones se consiguen "de facto", esto es, para las materias cursadas específicamente en la carrera. Otras, han de ser justificadas mediante los créditos cursados en la universidad relacionados con la materia para la que uno pretende habilitarse, exigiéndose actualmente un total de 24 créditos para obtener una evaluación positiva. Las comunidades autónomas abren plazo para solicitar habilitaciones unas tres/cuatro veces al año, siendo la documentación requerida: certificación académica, título de Máster de profesorado y en el caso de comunidades como Galicia, acreditación del conocimiento de lengua gallega.

Una vez conseguidas las habilitaciones, comienza la búsqueda activa de empleo. En los tiempos que corren, lo más frecuente es hacerlo a través de Internet. Para ello, lo primero es disponer del listado de centros de nuestra comunidad. En el caso de Galicia, la Consellería dispone de un buscador de centros en el que podemos filtrar por provincia, titularidad del centro y régimen de enseñanza. Al extender la búsqueda a toda la comunidad, obtendríamos un total de 157 colegios concertados y 19 no concertados, en los que se imparte enseñanza secundaria. En este listado, se incluye la dirección web de cada colegio.

A la hora de enviar currículum, lo más recomendable es visitar la web de cada centro. En algunas, hay un apartado "trabaja con nosotros", en el que a través de un formulario podemos presentar nuestra candidatura. Otras, disponen de una bolsa de trabajo en la que podemos registrarnos, que englobaría todos los colegios de una orden religiosa en concreto. En algunos casos, sin embargo, encontrar un email de contacto supone tomarse un tiempo navegando en la página. Aunque algunos centros facilitan en su web el email de dirección, lo más frecuente es que aparezca el general del centro o en su caso, el de secretaría, a donde remitiremos nuestro correo. En algún caso, recibiremos un email de confirmación programado, en el que nos informan de la inclusión en su base de datos. En la mayoría, silencio absoluto. Una vez hecho esto, solo resta esperar pacientemente a que suene el teléfono. Buena suerte!

miércoles, 12 de agosto de 2020

Alternativas docentes en tiempos de COVID

A un mes de la vuelta al cole, la incertidumbre en la comunidad educativa es total a causa de la pandemia. Tras un final de curso atípico, uno nuevo está a punto de empezar en ausencia de una normativa sólida que garantice la seguridad de alumnado y profesorado. Y es que el sector educativo, como otros tantos basados en la relación persona a persona, están sufriendo las graves consecuencias de la crisis sanitaria. Por este motivo, las opciones de trabajo del profesorado se han visto claramente mermadas. Analicemos los distintos sectores educativos al margen de la función pública y sus dificultades de cara al próximo curso. 

En primer lugar, estarían los colegios privados-concertados. Ante la perspectiva de tener que combinar enseñanza presencial y telemática en el próximo curso, estos colegios optarían por ampliar jornada a los profesores en nómina en lugar de contratar más personal para asumir la docencia de las distintas asignaturas. Además, muchos centros se han visto obligados a realizar reformas para cumplir con las medidas sanitarias, reduciéndose así los presupuestos para contratación. Por este motivo, resultaría difícil hacerse un hueco en el equipo docente de estos centros durante el próximo curso.

En segundo lugar, estarían las academias. Muchas de ellas han tenido que cerrar a causa de la crisis y las que subsisten, lo hacen con el personal justo. La respuesta más repetida es "lo siento, pero dadas las circunstancias, no podemos ofrecerte un puesto de trabajo". Las academias, cuyos locales suelen ser  reducidos, se enfrentan a un gran desafío para poder mantener la distancia de seguridad en las aulas. Algunas se plantean pasarse a la docencia on line, muchas penden de un hilo, a la espera de lo que ocurra el próximo curso.

En tercer lugar, estarían las clases particulares. En este sector, se trataría de vencer la resistencia de muchas familias a abrir las puertas de su hogar a un extraño, con los riesgos que esto conlleva. Impartir particulares a distancia y explicar ecuaciones con la mascarilla puesta sin poder tocar siquiera la libreta del alumno, me parecen tareas fáciles para un superhéroe pero no para un profesor normal y corriente. 

La alternativa a estas opciones, sería por tanto la docencia on line. Son muchos los profesores que, por su propia cuenta, se han hecho famosos en Youtube, haciendo de sus vídeos una forma de subsistencia. Por otra parte, son abundantes las ofertas de empresas dedicadas a la teleformación, cuyos anuncios proliferan en portales como LinkedIn, Infojobs o Infoempleo. Estas empresas reclutan profesorado para sus cursos virtuales, lo que actualmente constituiría una opción viable para profesores desempleados.

Por último y no menos importante, estaría la opción del voluntariado educativo, ya sea en tu propia ciudad o en el extranjero. Obviamente, se trata de una actividad no remunerada, que posiblemente habría que combinar con otra fuente de ingresos. En portales como hacesfalta.org, se pueden encontrar diversas ofertas de voluntariado internacional en el ámbito educativo. Esta opción estaría condicionada a las restricciones de viajes a causa de la pandemia, pero, sin lugar a dudas, podría ser la más gratificante a nivel personal. 

viernes, 10 de julio de 2020

Burocracia en tiempos de coronavirus

De nada sirven más de doce años de experiencia peleando con la Administración (becas, matrículas, solicitud de acreditaciones, etc. ) cuando se trata de realizar un nuevo trámite y más, en los tiempos que corren. Porque si ya de normal, las cosas de palacio van despacio, imaginaos en tiempos de coronavirus, donde si no consigues cita previa, estás perdido. Los plazos de entrega son inamovibles, así que no queda otra que apañártelas como puedas para recabar la documentación necesaria y ser capaz de registrarla. Y es que todo sería más fácil si hubiese un procedimiento telemático, pero para desgracia del solicitante, este brilla por su ausencia. 

Pongamos por caso que la Administración correspondiente publica una resolución para inscribirse en listas de contratación de profesorado. El plazo es de diez días hábiles. A diferencia de la inscripción en oposiciones, en este caso, no existe procedimiento telemático. Tu sexto sentido te dice que empieces pronto a recabar la documentación necesaria, no vaya a ser que te falte algo y los servicios de gestión académica de la universidad se retrasen. Grata sorpresa te llevas, cuando responden rápido. Después de leer varias veces el texto oficial de la convocatoria, sigue sin quedarte claro qué es lo que tienes que presentar pero el tiempo apremia, le echas imaginación y sigues adelante. 

Decides fotocopiar todos los méritos, quizás lo hagas por quintuplicado si son cinco a las listas que pretendes apuntarte. Unos 7 euros aproximadamente en fotocopias. Súmale las tasas de inscripción y estarás fácilmente en los 100 euros. Tras pasar varios días organizando los documentos de acuerdo a la solicitud, acudes al órgano correspondiente, donde habías pedido cita una semana antes, convencida de que por fin, podrás formalizar tu inscripción. Cometes el error de no llevar los documentos originales y el funcionario de turno, se niega a compulsarlos. En ningún sitio se especificaba que tuvieses que llevarlos, pero has perdido tu cita, se siente. Para más inri, la próxima hora libre en el registro es cinco días después de concluir el plazo. Maldita suerte la tuya.

El funcionario ve tu cara de consternación y te sugiere que acudas al Registro Civil, donde suele haber menos gente. Aún hay esperanza para ti. Te diriges como alma en pena al edificio correspondiente, el guardia de seguridad te persigue y te indica amablemente que pidas cita previa. Por designio divino, hay hueco antes de que concluya el plazo. Cruzas los dedos y esperas que nada más se tuerza, pues los días pasan y se acerca la fecha límite de entrega. Moraleja: cuando de trámites administrativos se trate, ármate de paciencia para el combate. Pregunta a alguien que sepa o busca tutoriales por Internet, pues es posible que con tanta vuelta, te acabes sintiendo como un auténtico botarate.

martes, 16 de junio de 2020

Encuestas de satisfacción

Sin lugar a dudas, este curso académico ha sido excepcional. Quién nos iba a decir en septiembre que en junio lo terminaríamos de esta forma. A falta de celebraciones de final de curso, sólo nos queda despedir a nuestros alumnos de forma telemática y que sean ellos los que evalúen la materia y nuestra labor como docentes. Conocer la opinión de nuestro alumnado es esencial para mejorar en nuestro trabajo. Por este motivo, envié a mis alumnos de 2 º y 3 º ESO un Formulario de Google de valoración del curso para cubrir de forma anónima. 

En primer lugar, cabe destacar que la participación en 2 º ESO ha sido de un 77 % frente al 45 % de alumnos de 3 º ESO. Estos resultados son quizás el reflejo del nivel de compromiso de los alumnos con la materia. Estos porcentajes pueden deberse a que de los 13 a los 14 años, en el paso de 2 º a 3 º, los chavales empiezan a preocuparse más por otros temas al margen de lo académico. Me atrevería a decir que es en este curso cuando se produce el verdadero tránsito de la infancia a la adolescencia, cuando el grupo de iguales cobra mayor importancia que la familia. 

En cuanto a los temas que más difíciles resultan a los alumnos son, en 2 º ESO, el estudio del movimiento y las fuerzas (27 %) y en 3 º ESO, la formulación inorgánica (67 %). Estos resultados se justificarían por tratarse del primer tema de Física en 2 º ESO, en el que los alumnos se inician en la interpretación de gráficas, algo nuevo para ellos, que probablemente no hayan visto en Matemáticas antes. En 3 º ESO, la formulación inorgánica es, sin lugar a dudas, el caballo de batalla del alumnado. Esto es así, pues el tema requiere por una parte, memorizar los símbolos de los elementos y sus valencias y por la otra, interiorizar el procedimiento para formular intercambiando valencias y simplificando. 

A la pregunta "si tuviéramos más horas de clase, ¿a qué te gustaría que se dedicasen?", en torno al 70 % de los alumnos de ambos cursos, eligen las prácticas de laboratorio. Mientras que en 2 º ESO, con tres horas a la semana, las visitas al laboratorio son más frecuentes, en 3 º ESO, con solo dos horas semanales, resulta casi imposible encontrar tiempo para ello. Por otro lado, trabajar con grupos tan grandes es muy complicado en el laboratorio, siendo necesario desdoblar para que los alumnos puedan trabajar con seguridad y comodidad. 

Solo un 18 % de los alumnos de 2 º ESO han necesitado clases particulares de la materia frente a un 42 % en 3 º ESO. Esta diferencia podría justificarse por la diferencia de horas semanales, resultando las dos horas de 3 º ESO insuficientes para la completa comprensión de los contenidos. 

En lo que respecta al aprendizaje autorregulado durante el confinamiento, entre el 62 % (2 º ESO) y el 72 % (3 º ESO) de los alumnos afirman haberse adaptado sin problemas a este tipo de aprendizaje. Estos datos serían esperanzadores en el supuesto de tener que aplicar la teledocencia en un futuro. Es curioso porque un porcentaje considerable de alumnos dicen aprovechar mejor el tiempo en sus casas que en el aula. 

Para concluir, más del 65 % de los alumnos de ambos cursos, dicen haber aumentado su interés por la ciencia entre mucho y bastante tras cursar esta materia. ¿Estarán entre los alumnos de hoy los científicos del futuro? Yo estoy convencida de ello. 

sábado, 2 de mayo de 2020

No hay ocaso para el acoso

Hoy, día mundial contra el acoso escolar, he leido en redes un relato estremecedor. Una adolescente confesaba su felicidad por estar confinada en casa y no tener que ir al colegio, donde estaba siendo acosada. En ese momento, me han venido a la cabeza otras muchas historias, incluida la mía propia. Por todos es bien sabido que la adolescencia es una etapa en la que la autoestima es extremadamente vulnerable y flaquea al mínimo embate de nuestros congéneres. No es fácil ser diferente y menos, en una época en la que lo que los otros piensen de nosotros, define en buena medida quienes somos.

Se ha hablado mucho estas semanas de los perjuicios del confinamiento en el desarrollo evolutivo de los adolescentes, ya que estos se nutren de las relaciones sociales. En estos tiempos, no han podido juntarse en los parques, charlar, hacerse fotos o elucubrar sobre sus amoríos. Tampoco han podido encontrarse en discotecas, en las que dar rienda suelta a sus ganas de experimentar. Y si bien una parte de los adolescentes, echarán todo lo anterior de menos, otra parte se sentirá en calma fuera del entorno escolar, donde lejos de la presión grupal, cada persona puede ser como quiera y hacer lo que le parezca.

Que niños y adolescentes están colmados de virtudes es una realidad, pero también lo es la crueldad que muchos manifiestan en ciertas ocasiones. Yo, como la mayoría de personas, fui objeto de burlas en mi época escolar. Primero en el colegio, por mi escasa altura y porque me gustaba jugar al fútbol con los niños. Por aquel entonces, los estereotipos de género ya hacían destrozos. Después en el instituto, porque no me gustaba ir de botellón, fumar o enrollarme con desconocidos. Por último, en la universidad, donde se suponía que lo que había que hacer los primeros años era desfasar en lugar de estudiar. Aun recuerdo como dejaba que me maquillasen para las fiestas, cuando yo lo detestaba.

Pasados los años, me siento afortunada porque nada de esto ha tenido consecuencias traumáticas en mi vida. Todas estas experiencias me han ayudado a reafirmarme en mis convicciones, a construir mi identidad y a afinar mi vista para con los adolescentes que puedan estar viviendo algo similar. Es cierto que a mí nunca me pegaron ni me insultaron abiertamente, lo que sentí fue exclusión social. Sin embargo, tal como han cambiado los tiempos y se ha agravado el acoso a través de Internet, me aterra pensar en las consecuencias que el acoso pueda tener en la vida de cualquier chavala o chaval.

Querido abuelo IX

Querido abuelo, Hoy, después de casi un año, te escribo para contarte que siento un vacío grande en el estómago y en el corazón. Este año, d...