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domingo, 4 de diciembre de 2022

Oda a 1ºESO

Si hay un curso de la ESO realmente especial para los profesores, ese es 1º de ESO. Un curso tan apasionante como agotador, por el que, en mi opinión, todos los profesores de Secundaria deberíamos pasar, para valorar, aún más si cabe, el trabajo de nuestros compañeros de Primaria. Un curso de esos, que hacen callo. Recién estrenada la ESO, la mayoría de niños y niñas aún conservan esa curiosidad y ganas de aprender características de la infancia. Esa, que a los profesores, nos llena el corazón de ternura e incluso, hace que nos sintamos mal cuando toca llamar a filas a nuestro alumnado. Y es que esas personitas tan ansiosas y motivadas, son las mismas que nos absorben la energía, como si de pequeños dementores se tratara. Tanto es así, que el nivel de agotamiento tras cuatro clases seguidas en 1ºESO es equivalente a una maratoniana jornada de entrenamiento.

Cuando un profesor baja a 1º ESO desde cursos superiores, de lo primero que se da cuenta es de la necesidad de ralentizar el ritmo de las clases. Las indicaciones deben ser repetidas un mínimo de tres a cinco veces. El nivel de autonomía del alumnado es muy bajo, siendo el profesor responsable de indicar todos y cada uno de los pasos a seguir en la clase; sin pasar por alto si lo que va a escribir en la pizarra, se copia a continuación, en otra hoja, en otra carilla o a boli o a lápiz. A este nivel, a la mayoría del alumnado le asusta la permanencia del bolígrafo y es frecuente que entreguen pruebas anónimas escritas a lápiz. Y es que poner el nombre en exámenes y trabajos, fue, es y seguirá siendo el caballo de batalla de los profesores a lo largo de los tiempos. A esta edad, empieza a desarrollarse el pensamiento abstracto y aunque son muy hábiles memorizando, las tareas que requieren ciertos niveles de razonamiento, como las preguntas tipo test, les cuestan mucho trabajo. Esas mismas dificultades están presentes en lo que al control de impulsos se refiere, pues con doce años, la paciencia no es una virtud que la mayoría practique. Así, nada más entrar en el aula, el docente será testigo de como el alumnado repite su nombre en innumerables ocasiones, se levanta del sitio sin  permiso o le da con el dedo en el brazo reclamando atención para pedir ir al baño, a la taquilla, a la papelera o donde se precie.

A pesar del esfuerzo que supone mantener el orden en una clase con estas características y de la prueba de fuego a la paciencia del docente, trabajar con 1ºESO resulta tan enriquecedor como emocionante. Si por algo destaca el alumnado de este curso es por su alta motivación por el aprendizaje y sus inmensas ganas de participar en la clase. No importa el tema, siempre habrá algún alumno o alumna con la mano levantada para compartir una anécdota más o menos relacionada. Y es que en 1ºESO, la vergüenza adolescente aún no ha hecho su aparición y el alumnado se ofrece voluntario para leer, corregir o compartir en voz alta sus opiniones. Con frecuencia, es necesario reconducir la clase, ya que sus intereses derivan a menudo en cuestiones fuera de temario. Dotados de una inmensa creatividad, abundan en este curso las preguntas originales, que dejan al docente fuera de juego en cuestión de segundos. Otra de las ventajas del curso es que resulta ideal para llevar a cabo proyectos diversos, ya que a estas edades trabajar competencias es tan importante o más que los contenidos. En 1ºESO, no existe la presión de cursos superiores por abordar todo el temario y las experiencias motivadoras de aprendizaje tienen mayor cabida en las programaciones. Experiencias que no sólo apasionan al alumnado, sino que también agradecen explícitamente. 

Por los motivos mencionados, 1ºESO supone un reto para cualquier profesor habituado a dar clases en cursos superiores. A este nivel, la clase magistral desaparece para dar paso a intercambios dialécticos en torno al temario entre un adulto y treinta niños y niñas ávidos de aprender, de los que el docente deberá asegurarse que tomen nota en el cuaderno. Eso, que los mayores hacen de forma automática, debemos enseñárselo a los más pequeños. Ahora bien, la paciencia, el tiempo y la dedicación de cualquier maestro, no es retribuida sólo a través del salario, sino que viene devuelta con creces mediante la admiración, el cariño y los abrazos de todos esos niños y niñas y también, de muchas de sus familias.

martes, 5 de enero de 2021

Un paseo por la ESO

Sin lugar a la dudas, la etapa que va de los doce a los dieciséis años es una de las más importantes en la vida de las personas. Dicen los expertos que en este período es cuando el cerebro cambia más, miles de conexiones neuronales se destruyen y otras tantas se forman. El sistema nervioso está en plena ebullición. Esto se traduce en una extraordinaria capacidad para aprender y asimilar nuevos conceptos, así como una gran facilidad para distraerse y olvidar lo importante. Todo ello, entre cambios de humor e intentos de forjar una personalidad. Ninguna otra época de la vida es tan trepidante como convulsa.

En 1 de ESO, los alumnos aún mantienen la inocencia de la Primaria. A esta edad, aún hablan de sus padres y de que se van a pedir un telescopio en Navidades. El profesor es una figura que despierta admiración. Como docentes, resulta fácil sorprenderlos y están altamente motivados para aprender. A priori, les asustan las actividades libres, pues están acostumbrados a trabajar de forma muy pautada. Son muy participativos y por lo general, trabajadores. Sus principales problemas radican en la comprensión lectora, siendo este un aspecto muy importante a trabajar  en el aula. El principal caballo de batalla es que aprendan a llevar su agenda y que hagan los exámenes a boli y no a lápiz. 

En 2 y 3 de ESO, los alumnos sufren una especie de "enajenación mental transitoria" o en lenguaje común, edad del pavo. A esta edad, su prioridad son los salseos, los amigos y las redes sociales. Salvo excepciones, el profesor es una figura que despierta animadversión. En estos cursos, es frecuente que diseñemos actividades a nuestro parecer interesantes, que obtienen la más absoluta indiferencia en el aula. La participación es muy inferior que en el curso precedente, influenciada ya por ese agudo sentido del ridículo que desarrollan los adolescentes. Lo más difícil a este nivel es motivarlos y que se pongan a a trabajar cuando la charla y el bullicio son mucho más interesantes. Ahora bien, si se ponen, sus resultados son fascinantes.

En 4 de ESO, los alumnos empiezan a mostrar signos de madurez, siendo posible establecer con ellos una relación similar al Bachillerato. A esta edad, los chavales ya empiezan a pensar qué quieren hacer en un futuro y suelen estar más centrados en los estudios, pendientes de conseguir el ansiado título. El profesor puede incluso erigirse en referente profesional. En este curso, es posible llevar a cabo otro tipo de actividades, como los debates, ya que los alumnos ya no tienen miedo de expresarse delante de sus compañeros. Como sucedía en el primer curso, la participación es alta e incluso surgen cuestiones fuera del temario. Con dieciséis años, los ánimos están más calmados y es posible el diálogo. 

La ESO es una montaña rusa de experiencias y emociones, donde tiene lugar el tránsito a la vida adulta, donde surgen las pasiones y los primeros amores. Cuando un día es el más alegre y el otro, el más triste. Es en este período cando empiezan a asomar las vocaciones y cuando los docentes nos enfrentamos a los desafíos más duros de nuestra profesión, pero también los más estimulantes. Esos que no se borran, que permanecen en la memoria a pesar de los años.

Querido abuelo IX

Querido abuelo, Hoy, después de casi un año, te escribo para contarte que siento un vacío grande en el estómago y en el corazón. Este año, d...