Mostrando entradas con la etiqueta docencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta docencia. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de julio de 2025

Querido abuelo VIII

Hoy hubieras cumplido cien años y somos muchos los que celebramos haber compartido la vida contigo. Aún recuerdo como si fuera ayer cuantas personas acudieron a tu despedida. Nunca olvidaré a aquel vecino que se me acercó y me dijo "era un santo varón", y es que todo el mundo en el barrio te quería. Tus "amiguiñas" de la panadería, las del supermercado y por supuesto, tu gente de toda la vida. Tenías una capacidad extraordinaria para hacer amigos, abuelo. Tenacidad, avidez de sabiduría, personalidad y sentido del humor; las cualidades de todo buen profesor. 

Tú, abuelo, tuviste varios trabajos antes de ser celador. De asistir al cura a trabajar en un taller mecánico. De ti aprendí que en la vida es necesario reinventarse y al profesorado, nos toca hacerlo cada año. Cambio de centro, de materias y alumnado. En tu época, hacías de todo en el hospital, desde poner inyecciones a asistir al forense. En el ámbito docente, esa versatilidad es muy necesaria. Además de preparar y dar clases, rellenar papeleo y en ocasiones, hacer de psicóloga de familias y alumnado. 

Tú, abuelo, nunca dejaste de ampliar tus conocimientos. Te gustaba mucho escuchar la radio, leer el periódico, hacer preguntas. Aprendías palabras nuevas gracias a tus famosas sopas de letras. Nada más importante para enseñar que interiorizar el hábito de aprender continuamente. Aunque creciste durante el franquismo, tenías una mentalidad muy abierta. Respetabas al extranjero, al homosexual, abrazabas la diferencia. Eso es la educación, abuelo, ser y enseñar a ser tolerante.

Tú, abuelo, tenías una personalidad marcada, pero también un toque de sinvergüencería. No te gustaba que la gente se metiera en tu vida y cuando no estabas de acuerdo con algo, lo decías. Todo el mundo opina sobre el trabajo docente y a veces nos toca hacer valer lo nuestro. También te gustaba gastar bromas y hacer comentarios políticamente incorrectos. De ti aprendí a honrar el error y desde el respeto, a decir siempre lo que pienso. En estos tiempos en los que educar es más complejo que nunca, en la escuela y en la vida, el humor es la única alternativa.

Pero si algo aprendí de ti, abuelo, es la importancia de ser humilde. Tú, que te criaste en la aldea y trabajaste en la ciudad, tratabas del mismo modo al campesino que al médico del hospital. En estos años de profesora me di cuenta que esa, es la cualidad más importante de un buen maestro. Ser consciente de que todo el mundo tiene algo que enseñar. No es mejor docente el de la universidad que el del instituto, el de Secundaria que el de Primaria o el que aprueba la oposición del que no. Esa virtud tan tuya, es la que hace que te recordemos eternamente y la responsable de que un buen profesor se quede grabado por siempre en el corazón.

Gracias abuelo por ser mi maestro a través del espacio y del tiempo.

Te quiero

domingo, 17 de diciembre de 2023

Las dos caras de la moneda

Siempre que termina el año, siento la necesidad de reflexionar sobre lo que a mi carrera docente se refiere y las vueltas que ha dado en los últimos meses. Ahora, que por primera vez estoy ejerciendo como profesora en la enseñanza pública, tengo la sensación de que las piezas de mi puzzle particular comienzan a encajar. De la escuela concertada religiosa, donde pude conocer en profundidad el voluntariado a la escuela pública, concretamente al Departamento de Servicios Socioculturales y a la Comunidad, donde creo haber encontrado mi lugar. Yo, que estudié veterinaria y puse de segunda opción Trabajo Social, actualmente me considero muy afortunada de poder formar a personas, cuyo trabajo es el de ayudar a los demás. 

A comienzos de este año, terminaba una baja de maternidad en un colegio concertado, que como en los casos anteriores, abandoné entre lágrimas y profundamente agradecida. Tuve la suerte de conocer a compañeros y compañeras maravillosos y disfruté enormemente impartiendo por vez primera, exclusivamente mi materia. Los grupos que tuve me inspiraron enormemente para diseñar propuestas didácticas y siempre llevaré en el corazón aquel tiempo compartido. En los colegios concertados, descubrí la importancia de la educación integral de la persona y del compromiso con el entorno, al tiempo que puse a prueba mi vocación e "hice callo" como docente. Mi alumnado de entonces sufría los problemas inherentes a su edad, esos que sobrevienen cuando pretendes construir tu personalidad en un mundo pseudovirtual. Ahora me doy cuenta, sin embargo, de que la mayoría de mis alumnos y alumnas eran unos privilegiados ya que tenían una familia detrás que les daba amor y respaldo.

Desgraciadamente, esto no siempre es así en la escuela pública, accesible a todos sin importar el nivel socio-económico del personal. El perfil del alumnado es muy diverso y en ocasiones, a los conflictos derivados de la adolescencia, se suma la falta de una red de apoyo familiar. Y es que la escuela es solo la cara de la moneda; la cruz es el hogar, y en muchos casos, este no es el ideal. En sólo tres meses en la escuela pública, he vivido situaciones a las que nunca había tenido que enfrentarme en los cinco años anteriores en la concertada. Alumnos que no controlan su agresividad llegando a ejercer violencia física contra sus iguales, alumnos adictos al consumo de sustancias; alumnas envueltas en relaciones tóxicas y otras, víctimas de violencia en el ámbito familiar. La escuela pública es para muchos, una vía de escape y la formación, su tabla de salvación para conseguir un trabajo, la independencia, una vida mejor. La labor docente alcanza aquí una nueva dimensión; más allá de lo académico, las profesoras y profesores proporcionamos a nuestro alumnado la confianza y el cariño que en ocasiones les falta y reclaman mediante determinadas conductas, muchas veces contrarias a la convivencia.

No pretendo con esta reflexión minimizar los desafíos de la adolescencia, pues tanto los alumnos de escuelas concertadas como públicas han de lidiar con los problemas derivados del uso de las pantallas, que tanto repercuten en su salud mental. No pretendo tampoco dibujar una línea roja entre el alumnado de unos y otros centros, pues toda generalización es un error. Hay familias desestructuradas en la concertada y familias estructuradas en la pública. Yo misma estudié en la escuela pública y siempre tuve una familia amorosa y presente y otros, fueron a la escuela concertada y sufrieron con la separación de sus padres, por ejemplo. Lo que está claro, en cualquiera de los casos, es que los docentes tenemos la responsabilidad de ser esa segunda o para algunos, primera familia. Seamos guías, referentes, la mano amiga de todos aquellos alumnos que nos necesiten. 

sábado, 11 de septiembre de 2021

Querido abuelo II

Querido abuelo,

Hace un par de años que no te escribo, aunque todos los días me acuerdo de ti. En la última carta, te conté que había dejado la investigación para dedicarme a la docencia. Quién me iba a decir por aquel entonces que me tocaría dar clases en plena pandemia. Telemáticamente primero y presencialmente después, con cambio de colegio de por medio. Ahora, como siempre que empieza un nuevo curso, me siento perdida. Que bien me vendría un consejo tuyo a estas alturas de mi vida. 

En estos tres años he descubierto que enseñar es lo que realmente me hace feliz, abuelo. A veces, no puedo evitar pensar que en el pasado he perdido el tiempo. Qué habría ocurrido si después de terminar la carrera hubiese empezado a perseguir este sueño? Tendría hoy un puesto fijo de profesora? Eso, nunca lo sabremos. Lo que sé seguro es que el aprendizaje y las personas que conocí en ese tiempo merecieron la pena. Cuando me sobreviene la incertidumbre sobre mi carrera, pienso en ti abuelo; tú tuviste varios trabajos hasta entrar en la residencia y tu primer sueldo, fueron unas cuantas pesetas.

Siempre me decías que era una idealista cuando me quejaba por las injusticias. Ahora sé que tenías razón. Trabajar en lo que a uno le gusta es un privilegio del que gozan pocos. En estos años, me he dado cuenta de que un trabajo apasionante puede darle sentido a una vida. Por supuesto que hay más cosas, abuelo, pero a esto dedicamos un tercio de nuestro tiempo. Estoy convencida de que entenderías la frustración que siento. Tantos años de formación, con cambios de casa y salidas al extranjero y, como tantos jóvenes de mi generación, sigo buscando mi lugar en el mundo en estos momentos.

Estamos en una nueva crisis, abuelo. Son tiempos difíciles para todos, pero no más que los que te tocó vivir a ti, huérfano de padre en el franquismo. Quizás los jóvenes de ahora somos egoístas o como lo tuvimos todo, inconformistas, pero yo no quiero dedicar mi tiempo a algo que no me hace feliz, abuelo. No es que me sienta ni más ni menos que nadie, pero me niego a trabajar por cuatrocientos euros. Aspiro a algo más que a un trabajo que me dé sustento. Educar es mi elemento y aunque el camino sea difícil, no quiero renunciar a ese sueño. Pensar en ti me da fuerzas para ello.

Te quiero,

Eva

miércoles, 12 de agosto de 2020

Alternativas docentes en tiempos de COVID

A un mes de la vuelta al cole, la incertidumbre en la comunidad educativa es total a causa de la pandemia. Tras un final de curso atípico, uno nuevo está a punto de empezar en ausencia de una normativa sólida que garantice la seguridad de alumnado y profesorado. Y es que el sector educativo, como otros tantos basados en la relación persona a persona, están sufriendo las graves consecuencias de la crisis sanitaria. Por este motivo, las opciones de trabajo del profesorado se han visto claramente mermadas. Analicemos los distintos sectores educativos al margen de la función pública y sus dificultades de cara al próximo curso. 

En primer lugar, estarían los colegios privados-concertados. Ante la perspectiva de tener que combinar enseñanza presencial y telemática en el próximo curso, estos colegios optarían por ampliar jornada a los profesores en nómina en lugar de contratar más personal para asumir la docencia de las distintas asignaturas. Además, muchos centros se han visto obligados a realizar reformas para cumplir con las medidas sanitarias, reduciéndose así los presupuestos para contratación. Por este motivo, resultaría difícil hacerse un hueco en el equipo docente de estos centros durante el próximo curso.

En segundo lugar, estarían las academias. Muchas de ellas han tenido que cerrar a causa de la crisis y las que subsisten, lo hacen con el personal justo. La respuesta más repetida es "lo siento, pero dadas las circunstancias, no podemos ofrecerte un puesto de trabajo". Las academias, cuyos locales suelen ser  reducidos, se enfrentan a un gran desafío para poder mantener la distancia de seguridad en las aulas. Algunas se plantean pasarse a la docencia on line, muchas penden de un hilo, a la espera de lo que ocurra el próximo curso.

En tercer lugar, estarían las clases particulares. En este sector, se trataría de vencer la resistencia de muchas familias a abrir las puertas de su hogar a un extraño, con los riesgos que esto conlleva. Impartir particulares a distancia y explicar ecuaciones con la mascarilla puesta sin poder tocar siquiera la libreta del alumno, me parecen tareas fáciles para un superhéroe pero no para un profesor normal y corriente. 

La alternativa a estas opciones, sería por tanto la docencia on line. Son muchos los profesores que, por su propia cuenta, se han hecho famosos en Youtube, haciendo de sus vídeos una forma de subsistencia. Por otra parte, son abundantes las ofertas de empresas dedicadas a la teleformación, cuyos anuncios proliferan en portales como LinkedIn, Infojobs o Infoempleo. Estas empresas reclutan profesorado para sus cursos virtuales, lo que actualmente constituiría una opción viable para profesores desempleados.

Por último y no menos importante, estaría la opción del voluntariado educativo, ya sea en tu propia ciudad o en el extranjero. Obviamente, se trata de una actividad no remunerada, que posiblemente habría que combinar con otra fuente de ingresos. En portales como hacesfalta.org, se pueden encontrar diversas ofertas de voluntariado internacional en el ámbito educativo. Esta opción estaría condicionada a las restricciones de viajes a causa de la pandemia, pero, sin lugar a dudas, podría ser la más gratificante a nivel personal. 

sábado, 27 de julio de 2019

Querido abuelo

Querido abuelo,

Sé que a ti te hubiese gustado que siguiese investigando. Te llenaba de orgullo hablar de mi trabajo en la universidad. Recuerdo cuan henchido estabas el día que presenté mi tesina: con tu traje de rayas, tu gorra y esa pose tuya tan elegante. A mi tesis no pudiste asistir, fueron solo tres meses, pero la vida te llevó antes. A ti quise dedicar mi manuscrito, porque siempre me inspiraste y lo sigues haciendo. Me basta con pensar en tu sonrisa, esa que tenías el día que presenté mi primer monólogo, para sentirme en calma. Porque tú me apoyabas incondicionalmente y eras mi fan "number one".

Creo que no te sorprendería saber que he dejado a un lado la veterinaria y ahora, me dedico a la enseñanza. Si tú supieras abuelo, como han cambiado los tiempos desde que tú nos llevabas al colegio. En aquel entonces, algunos profesores aún usaban la vara con los niños que se portaban mal en Primaria. Había alumnos inquietos en las aulas pero no existía la famosa hiperactividad de la que todo el mundo habla. Los niños acudían a actividades extraescolares, una o dos que les gustaban; hoy tienen la agenda más apretada que muchos adultos y apenas tienen tiempo para jugar. Los niños de ahora viven rodeados de pantallas. Y pensar que nosotras no tuvimos móvil hasta los 17 años...

Los adolescentes ya no juegan al Mario Bros, sino al famoso Fortnite. En él, tienen que matar gente y se pasan horas enganchados al ordenador. Estudios científicos han demostrado que ese tipo de videojuegos crea adicción y los vuelve violentos. Y efectivamente, es lo que sucede. No me refiero a unos cuantos empujones en el patio del colegio, sino a la forma que tienen de relacionarse. Aunque el acoso hacia el diferente existió siempre, ahora se agrava en Instagram y los grupos de WhatsApp. Por esta razón, las patologías mentales en adolescentes se han incrementado tanto en la actualidad. Al mal uso de las tecnologías hay que sumarle los altos niveles de competitividad, que hacen que el adolescente se convierta, en muchas ocasiones, en una bomba a punto de estallar.

Pero tranquilo, abuelo, que yo no pierdo la esperanza. Aunque el panorama de la enseñanza pueda parecer desalentador, hay muchos aspectos en los que el tiempo pasado no fue mejor. Ahora en los colegios se atiende a la diversidad de los niños desde edades tempranas, se trabajan la autoestima y la motivación para ayudarlos a crecer no sólo en conocimientos, sino también como personas, ha aumentado su sensibilidad en torno a temas como el medioambiente o la violencia contra la mujer y gracias al acceso a la información, aparecen pequeños genios en todas las partes del mundo. Y esto, es lo que intento hacer ahora, abuelo, ayudar a los niños en este proceso. Espero que estés orgulloso.

Te quiero,

Eva

Querido abuelo IX

Querido abuelo, Hoy, después de casi un año, te escribo para contarte que siento un vacío grande en el estómago y en el corazón. Este año, d...