Querido abuelo,
Hoy, después de casi un año, te escribo para contarte que siento un vacío grande en el estómago y en el corazón. Este año, de forma inesperada, conseguí pasar a la segunda fase de la oposición. Con las pocas fuerzas que me quedaban tras el curso, hice todo lo que pude a contrarreloj. Pero no fue suficiente. Yo, que creía que el doctorado me había hecho resiliente, acabo de descubrir que el proceso de oposición es, a nivel psicológico, aún más demoledor. Este curso aprendí una nueva lección de "ser profesora".
Desde que el proceso empezó, llevo semanas sin conciliar el sueño, abuelo; yo, que habitualmente duermo sin problema. Ahora que por fin sé el resultado, te escribo con los ojos hinchados de haber estado llorando. Son lágrimas de alivio, pero también de cansancio y de decepción. Es duro caer en el último momento, abuelo. Quizás es preferible hacerlo antes y no tener que vivir con incertidumbre durante tanto tiempo. Ahora mismo, solo quiero alejarme temporalmente del mundo y de las preguntas de la gente, que no me apetece contestar. Necesito tiempo para integrar esta experiencia, que estoy segura me hará mejor docente. Como le digo a mis alumnas, en la vida, hay segundas, terceras e infinitas oportunidades y yo, debo ser un ejemplo.
Lo que ocurre, abuelo, es que este momento, en pleno bajón tras el estrés de estos días, pocas cosas me reconfortan. Escribirte, comer chocolate, pasear en soledad y hablar con las personas que, como yo, han pasado por el proceso. Creo que solo ellas pueden entender como me siento. Igual que cuando te fuiste, pensé que solo la familia podía entenderlo. Papá y mamá no son objetivos, para ellos pase lo que pase "soy maravillosa", así son las familias. Su opinión es importante, no quiero defraudarlos; mamá le reza a todos sus santos. Gracias que "Mari", como siempre, me escucha al otro lado del teléfono, comparte mi proceso y me hace sentir en calma. Que gran fortuna la mía tenerla como hermana.
Pero como dice Albert Espinosa, toda pérdida es una ganancia y desde que te fuiste abuelo, en el trabajo siempre he sido afortunada. En estos años en los que estuve de aquí para allá, conocí a grandes compañeras, que habiendo pasado por lo mismo, comprenden a la perfección como me siento. A ellas, después de a la familia, quise comunicarles rápidamente que no había superado la segunda prueba. Recibí mucho cariño y palabras de ánimo, de personas que he tenido al lado y que valoran mi trabajo. Cuál es la meta entonces, abuelo? Obtener plaza fija o seguir enseñando? Estamos de acuerdo; te prometo que lo seguiré haciendo con la misma ilusión de siempre. Solo necesito un tiempo para elaborar el duelo por la oportunidad perdida.
Gracias por entenderlo abuelo, te quiero.
Eva