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domingo, 4 de diciembre de 2022

Oda a 1ºESO

Si hay un curso de la ESO realmente especial para los profesores, ese es 1º de ESO. Un curso tan apasionante como agotador, por el que, en mi opinión, todos los profesores de Secundaria deberíamos pasar, para valorar, aún más si cabe, el trabajo de nuestros compañeros de Primaria. Un curso de esos, que hacen callo. Recién estrenada la ESO, la mayoría de niños y niñas aún conservan esa curiosidad y ganas de aprender características de la infancia. Esa, que a los profesores, nos llena el corazón de ternura e incluso, hace que nos sintamos mal cuando toca llamar a filas a nuestro alumnado. Y es que esas personitas tan ansiosas y motivadas, son las mismas que nos absorben la energía, como si de pequeños dementores se tratara. Tanto es así, que el nivel de agotamiento tras cuatro clases seguidas en 1ºESO es equivalente a una maratoniana jornada de entrenamiento.

Cuando un profesor baja a 1º ESO desde cursos superiores, de lo primero que se da cuenta es de la necesidad de ralentizar el ritmo de las clases. Las indicaciones deben ser repetidas un mínimo de tres a cinco veces. El nivel de autonomía del alumnado es muy bajo, siendo el profesor responsable de indicar todos y cada uno de los pasos a seguir en la clase; sin pasar por alto si lo que va a escribir en la pizarra, se copia a continuación, en otra hoja, en otra carilla o a boli o a lápiz. A este nivel, a la mayoría del alumnado le asusta la permanencia del bolígrafo y es frecuente que entreguen pruebas anónimas escritas a lápiz. Y es que poner el nombre en exámenes y trabajos, fue, es y seguirá siendo el caballo de batalla de los profesores a lo largo de los tiempos. A esta edad, empieza a desarrollarse el pensamiento abstracto y aunque son muy hábiles memorizando, las tareas que requieren ciertos niveles de razonamiento, como las preguntas tipo test, les cuestan mucho trabajo. Esas mismas dificultades están presentes en lo que al control de impulsos se refiere, pues con doce años, la paciencia no es una virtud que la mayoría practique. Así, nada más entrar en el aula, el docente será testigo de como el alumnado repite su nombre en innumerables ocasiones, se levanta del sitio sin  permiso o le da con el dedo en el brazo reclamando atención para pedir ir al baño, a la taquilla, a la papelera o donde se precie.

A pesar del esfuerzo que supone mantener el orden en una clase con estas características y de la prueba de fuego a la paciencia del docente, trabajar con 1ºESO resulta tan enriquecedor como emocionante. Si por algo destaca el alumnado de este curso es por su alta motivación por el aprendizaje y sus inmensas ganas de participar en la clase. No importa el tema, siempre habrá algún alumno o alumna con la mano levantada para compartir una anécdota más o menos relacionada. Y es que en 1ºESO, la vergüenza adolescente aún no ha hecho su aparición y el alumnado se ofrece voluntario para leer, corregir o compartir en voz alta sus opiniones. Con frecuencia, es necesario reconducir la clase, ya que sus intereses derivan a menudo en cuestiones fuera de temario. Dotados de una inmensa creatividad, abundan en este curso las preguntas originales, que dejan al docente fuera de juego en cuestión de segundos. Otra de las ventajas del curso es que resulta ideal para llevar a cabo proyectos diversos, ya que a estas edades trabajar competencias es tan importante o más que los contenidos. En 1ºESO, no existe la presión de cursos superiores por abordar todo el temario y las experiencias motivadoras de aprendizaje tienen mayor cabida en las programaciones. Experiencias que no sólo apasionan al alumnado, sino que también agradecen explícitamente. 

Por los motivos mencionados, 1ºESO supone un reto para cualquier profesor habituado a dar clases en cursos superiores. A este nivel, la clase magistral desaparece para dar paso a intercambios dialécticos en torno al temario entre un adulto y treinta niños y niñas ávidos de aprender, de los que el docente deberá asegurarse que tomen nota en el cuaderno. Eso, que los mayores hacen de forma automática, debemos enseñárselo a los más pequeños. Ahora bien, la paciencia, el tiempo y la dedicación de cualquier maestro, no es retribuida sólo a través del salario, sino que viene devuelta con creces mediante la admiración, el cariño y los abrazos de todos esos niños y niñas y también, de muchas de sus familias.

domingo, 31 de julio de 2022

Querido abuelo IV

Hoy te escribo para compartir contigo la maravillosa experiencia que viví estos últimos días. Hace unas semanas, me preguntaron cuál fue mi motivación para empezar en el mundo del voluntariado. En un primer momento, contesté que era la necesidad de ayudar a otros, y que ser voluntaria me hacía muy feliz. Un instante después, caí en la cuenta de que ese impulso nació justo después de tu partida. Quizás sea casualidad, quizás sea la mía una motivación egoísta; pero lo cierto es, abuelo, que desde que tú no estás, compartir mi tiempo con los demás, da sentido a mi vida. Tú dedicaste la tuya a ayudar a otros y al hacerlo yo, siento más que nunca, que estás conmigo.

Empezaré contándote como llegué hasta aquí, abuelo. Aunque ya había sido voluntaria en programas de refuerzo educativo, llevaba tiempo buscando una experiencia más inmersiva. Siempre me atrajo la idea de conocer realidades distintas a las del alumnado que habitualmente tengo en el aula. Había escuchado los testimonios de otras compañeras y anhelaba experimentar algo parecido. Así fue como conocí los Campos de Trabajo y Misión Maristas y decidí inscribirme para colaborar durante una semana con las obras que la Fundaçao Champagnat tiene en Lisboa: las ludotecas de Adroana y Cabeço do Mouro y la Casa de Crianças de Tires.

Cuando visité estos lugares por primera vez, hubo algo que me llamó mucho la atención, abuelo. Los tres eran espacios llenos de luz y de color, que destacaban en un entorno que no lo era tanto; algo así, como oasis en el desierto. Los tres tenían la puerta abierta. Las ludotecas estaban en barrios periféricos de edificios gigantes, ropa en las ventanas y música caribeño/africana sonando en las calles. La Casa de Crianças, situada a las afueras de la ciudad junto a una cárcel de mujeres, parecía un castillo de cuento de hadas. En estos lugares, los niños y niñas pueden pintar, jugar y vivir, en cierta forma, ajenos a lo que los rodea. Espacios en los que todo el mundo es bienvenido, donde se cuida y protege a la infancia.

Pero sin con algo me quedo abuelo, es con las personas que conocí en el viaje; educadores vocacionales y, por supuesto, los niños y niñas que, sin apenas conocerme, me abrazaban y preguntaban si volvería al día siguiente. Niños y niñas que me dedicaron dibujos, me hicieron peinados y me enseñaron nuevos juegos. Niños que me saltaron a la espalda en plan Spiderman y niñas que me animaron a subirme a un monopatín. Niños y niñas que me enseñaron vocabulario en portugués que no sabía o no recordaba. Niños y niñas que me dieron tanto amor en unos días, que nunca voy a olvidarlos. Supongo, abuelo, que recibir más de lo que uno da, esa es la magia de ser voluntario. A mí me ha enganchado. OBRIGADA. 

martes, 21 de junio de 2022

Querido abuelo III

Querido abuelo,

Perdona que haya tardado tanto en escribirte, estos meses han sido de locos. Tenías razón cuando me decías que a cada año que pasa, el tiempo transcurre más rápido. Quien me iba a decir en septiembre, que este curso me tocaría cambiar de ciudad y por primera vez, experimentar que se siente al vivir sola. Y es que este curso, he conocido un poco más la vida del profesor sustituto. Vaya por delante, abuelo, que he sido afortunada al poder terminar el curso, un lujo con respecto a todas las compañeras a las que les toca cambiar de residencia varias veces al año. Ahora que se acerca el final del curso y echo la vista atrás, siento la necesidad de compartirlo contigo.

Todo empezó a mediados de septiembre, cuando recibí una llamada de otra ciudad. Si algo bueno trajo la pandemia del COVID, abuelo, fueron las oportunidades laborales para profesores noveles. Integrarse en un colegio nuevo no es fácil y más con el curso empezado, pero gracias al apoyo incondicional de mis compañeros, pude hacerlo. Lo más estresante fue encontrar un lugar para vivir; en una ciudad grande, fue un poco más complicado. Gracias a la ayuda de otros profesores por redes sociales, me instalé en la que sería mi casa los próximos nueve meses. Resuelto el tema de la vivienda, pude centrarme ya en mi alumnado. Conocerlos con mascarilla fue extraño al principio, pero enseguida me acostumbré a verles la mitad de la cara. Te confieso abuelo, que en ciertos momentos, la mascarilla me ayudó a mantener el orden en el aula, pues sigo trabajando mi "cara de perro".

En unas cuantas semanas, me aprendí el nombre de todos mis alumnos. Ya sabes abuelo, que creo firmemente en el poder pedagógico de llamar a alguien por su nombre. Después de que me tomasen el pulso en el primer trimestre como viene siendo costumbre, empecé a conocer en profundidad a mis grupos de clase. Pasadas las vacaciones de Navidad, pude realizar con ellos otro tipo de actividades, más allá del currículum, que me permitieron descubrir sus puntos fuertes. Que importante es abuelo, realizar proyectos en el aula, contextualizar los contenidos para que cobren sentido en sus mentes. Es fascinante lo que se puede aprender de ellos. Los días complicados se olvidan en el momento en el que reparas en la mirada curiosa de un alumno motivado, en esa mano levantada queriendo saber más. Siempre lo digo abuelo, y es que los profesores, tenemos el mejor de los trabajos. 

Tras las vacaciones de Semana Santa, hubo un punto de inflexión en el curso escolar. Después de meses, nos pudimos quitar la mascarilla, lo que supuso de alguna manera, una vuelta a empezar. Fue curioso comprobar que los chavales eran si cabe más niños de lo que se podría imaginar. A algunos les costó un tiempo abandonarla y rebelar su identidad. Los profesores, en cambio, nos sentimos aliviados al recuperar nuestra voz y utilizar nuestra sonrisa. Siempre lo supe, abuelo, esas dos herramientas son capaces de transformarlo todo. Nos permiten conectar con nuestro alumnado y confraternizar con nuestros compañeros, para crear entre todos una gran familia y hacer del colegio un lugar al que todos nos guste ir. Educar nunca fue tan difícil como ahora, abuelo; los profesores hemos perdido autoridad, sufrimos el hostigamiento de algunas familias, al tiempo que recibimos el agradecimiento de otras. Nuestra vocación se somete a examen cada curso escolar: la mía este año, aprueba con nota.

Gracias por enseñarme a perseverar.

Te quiero,

Eva

jueves, 8 de abril de 2021

El buen maestro

Pretenda este ser el primer post de espero que muchos, dedicado a hacer una "review" de películas sobre alumnos y profesores, sobre la problemática en las aulas, sobre educación al fin y al cabo. Esta vez hablaré de "El buen maestro", o en su título original "Les grands esprits". La película sigue la historia de un acomodado profesor de Lengua de un instituto parisino que se va a trabajar a un colegio del extrarradio. Como es de esperar, la realidad que allí encuentra, hará que se sienta como un principiante, que se cuestione sus métodos y que ponga a prueba su vocación por la enseñanza. Si bien hay aspectos de la película que no son extrapolables al sistema educativo en España, los conflictos a los que se enfrentan alumnos y profesores en la película son universales. Analizaré uno a uno los puntos que, a mi modo de ver, constituyen una realidad para los que estamos a diario en las aulas.

El primer aspecto en el que hace hincapié el profesor protagonista es la necesidad de que sean los profesores más experimentados los que tengan por destino institutos a priori más problemáticos, como pueden ser los del extrarradio. Dice François (como buen francés, así tenía que llamarse) que estas plazas acaban siendo cubiertas por profesores nobeles, que ávidos de trabajar, son enviados a las trincheras sin la experiencia necesaria para salir indemnes de la batalla. Ya sea por mala gestión institucional o porque los profesores más veteranos se aburguesan en sus puestos de trabajo, lo cierto es que a los profesores más jóvenes es a quienes les toca normalmente, abordar los casos más complicados. Trasladando esto a lo que sucede en nuestros colegios, es habitual que los veteranos rehúsen dar clase en grupos "conflictivos" como pueden ser los de 2º y 3º ESO. Estos, suelen quedar relegados al profesor nuevo, al recién llegado, que debido a su inexperiencia, corre un alto riesgo de desgaste psicológico. Creo yo que lo más lógico sería darle al profesor experto el grupo que más dificultad entraña y al novato, un grupo de alumnos más mayores con los que pueda ir haciendo callo. En mi opinión, esta medida beneficiaría a ambos, a los alumnos y al profesor nobel, por descontado.

El segundo aspecto relevante de la película es el abordaje que el profesor hace de los alumnos. Durante el primer trimestre, con la intención de crear un clima amable en el aula, se muestra cercano e incluso sigue los consejos de una profesora nobel (que llora frustrada preguntándose como conectar con los chavales) de organizar una merienda en clase. Como es de esperar, la cosa acaba yéndose de madre. El antiguo profesor veterano (ahora nobel) ha cometido el primer error de manual de cualquier novato. Que tire la primera piedra quien esté libre de pecado. Ante semejante despropósito, decide cambiar de estrategia en el segundo trimestre y convertirse en teniente-coronel del ejército del aire. Desciende a la inmundicia más pura llegando a llamar idiota a un alumno. Vuelve a fracasar, esta vez aún de forma más estrepitosa. Finalmente, tiene una revelación, un fenómeno bien conocido por los que nos dedicamos a la enseñanza: "el efecto pigmalión", que consiste en que un alumno será capaz de llegar a donde su profesor piense que va a llegar. Confiar en la valía de los estudiantes, escucharlos activamente y conocer sus intereses son las herramientas del profesor excelente. François es el héroe que se centra en las virtudes de sus alumnos, premia su esfuerzo con buenas notas y consigue que se enganchen a la lectura gracias a "Los Miserables", de la que destaco la maravillosa frase "los espíritus que no leen, adelgazan". Hay una escena fantástica en la que ve a dos alumnos copiando, y en vez de penalizarlos, los felicita públicamente por su trabajo. Y otra en la que tira los libros al suelo y le da un vuelco a la novela, presentando a los personajes como víctimas del infortunio y la violencia, pues esas son las historias que suscitan el interés de los estudiantes.

Por último y no menos importante, la película nos muestra al antagonista del héroe, encarnado esta vez por el profesor de Matemáticas, que a pesar de su juventud está terriblemente hastiado y deseando cambiar de trabajo. Se ha instalado en la queja permanente y dedica todo su tiempo a hablar de la ignorancia y falta de ganas de sus alumnos. Su amargura es tal que su día a día está plagado de mordacidad, de crítica hacia los compañeros que intentan innovar. Es un profesor que grita, castiga y no acepta sugerencias del que acaba de llegar. Está a la defensiva, no quiere que le den lecciones. Un personaje que a más de uno le pueda ser familiar. A mi modo de ver, lo más interesante de la película es que sea el profesor joven (y no el veterano) el pesimista, el de la actitud lastimera, quizás fruto del desamparo y la frustración durante los primeros años. Las lecciones más importante de la película son para mí: 1) el profesor joven e ilusionado es susceptible de dejar de estarlo sin los cuidados psicológicos y emocionales adecuados, 2) hasta el profesor más experimentado, nunca deja de aprender, de reinventarse, pues cada grupo, cada clase trae consigo nuevos retos a los que enfrentarse.

https://www.filmaffinity.com/ec/film608271.html

martes, 5 de enero de 2021

Un paseo por la ESO

Sin lugar a la dudas, la etapa que va de los doce a los dieciséis años es una de las más importantes en la vida de las personas. Dicen los expertos que en este período es cuando el cerebro cambia más, miles de conexiones neuronales se destruyen y otras tantas se forman. El sistema nervioso está en plena ebullición. Esto se traduce en una extraordinaria capacidad para aprender y asimilar nuevos conceptos, así como una gran facilidad para distraerse y olvidar lo importante. Todo ello, entre cambios de humor e intentos de forjar una personalidad. Ninguna otra época de la vida es tan trepidante como convulsa.

En 1 de ESO, los alumnos aún mantienen la inocencia de la Primaria. A esta edad, aún hablan de sus padres y de que se van a pedir un telescopio en Navidades. El profesor es una figura que despierta admiración. Como docentes, resulta fácil sorprenderlos y están altamente motivados para aprender. A priori, les asustan las actividades libres, pues están acostumbrados a trabajar de forma muy pautada. Son muy participativos y por lo general, trabajadores. Sus principales problemas radican en la comprensión lectora, siendo este un aspecto muy importante a trabajar  en el aula. El principal caballo de batalla es que aprendan a llevar su agenda y que hagan los exámenes a boli y no a lápiz. 

En 2 y 3 de ESO, los alumnos sufren una especie de "enajenación mental transitoria" o en lenguaje común, edad del pavo. A esta edad, su prioridad son los salseos, los amigos y las redes sociales. Salvo excepciones, el profesor es una figura que despierta animadversión. En estos cursos, es frecuente que diseñemos actividades a nuestro parecer interesantes, que obtienen la más absoluta indiferencia en el aula. La participación es muy inferior que en el curso precedente, influenciada ya por ese agudo sentido del ridículo que desarrollan los adolescentes. Lo más difícil a este nivel es motivarlos y que se pongan a a trabajar cuando la charla y el bullicio son mucho más interesantes. Ahora bien, si se ponen, sus resultados son fascinantes.

En 4 de ESO, los alumnos empiezan a mostrar signos de madurez, siendo posible establecer con ellos una relación similar al Bachillerato. A esta edad, los chavales ya empiezan a pensar qué quieren hacer en un futuro y suelen estar más centrados en los estudios, pendientes de conseguir el ansiado título. El profesor puede incluso erigirse en referente profesional. En este curso, es posible llevar a cabo otro tipo de actividades, como los debates, ya que los alumnos ya no tienen miedo de expresarse delante de sus compañeros. Como sucedía en el primer curso, la participación es alta e incluso surgen cuestiones fuera del temario. Con dieciséis años, los ánimos están más calmados y es posible el diálogo. 

La ESO es una montaña rusa de experiencias y emociones, donde tiene lugar el tránsito a la vida adulta, donde surgen las pasiones y los primeros amores. Cuando un día es el más alegre y el otro, el más triste. Es en este período cando empiezan a asomar las vocaciones y cuando los docentes nos enfrentamos a los desafíos más duros de nuestra profesión, pero también los más estimulantes. Esos que no se borran, que permanecen en la memoria a pesar de los años.

martes, 29 de septiembre de 2020

Docencia igual a supervivencia

El inicio de curso siempre es un momento estresante, cuanto más con la que está cayendo. Protocolos cambiantes, horarios provisionales, aulas espejo, alumnos ansiosos y profesores estresados. Si a ello sumamos las mascarillas, un batiburrillo de gente que no se entiende. Profesores que se quedan sin voz y alumnos que no escuchan. Qué difícil estudiar en estos tiempos en los que por no poder intercambiar material, dependemos de la informática, y cuando esta nos falla, nos quedamos en cueros. Veamos pues cual sería la situación en el aula COVID.

Supongamos que en una clase hay treinta alumnos apretados con mamparas de por medio. Los de las filas de atrás no ven la pizarra con tanto reflejo y el caos se desata cuando los pobres quieren seguir la clase. Soluciones posibles: a) usar pizarra digital y compartirles pantalla para que vean lo que escribes en sus ordenadores, b) colgarles en la plataforma una fotografía del mapa mental que has elaborado para que lo copien en sus cuadernos. Paso previo, encomendarse a todos los santos para que la red aguante.

Supongamos que en otra clase de treinta alumnos, cinco de ellos se turnan diariamente para ir al aula-espejo, esto es, un aula vecina en la que por videoconferencia pueden seguir la clase. El profesor debe activar la parafernalia correspondiente, asegurarse de que la cámara enfoca el encerado y compartir pantalla. La ansiedad va en aumento cuando la red se cae, la emisión se detiene y perdemos a los del otro lado. En el aula-espejo, la desesperación crece al no escuchar las explicaciones, bien porque la red se cae, el ordenador se queda sin batería o el micrófono no es capaz de recoger la voz del profesor embozado. 

Los momentos de alivio son aquellos en los que bebes agua. El esfuerzo vocal es tal que la garganta se seca en un instante. El problema surge cuando después de tanto "drinking", te dan ganas de ir al baño y no tienes tiempo, ya que los alumnos han de estar permanentemente custodiados, también en el patio. Bajas al recreo con el grupo con el que estabas, los vigilas diez minutos y cuando llega el compañero a darte el relevo, vas a buscar al siguiente grupo de clase. Engulles una manzana y aprovechas esos deliciosos minutos para tomar algo de aire, ya que la cabeza empieza a dolerte por efecto del dióxido de carbono exhalado. Y al terminar la jornada, vuelves a casa extenuado. La batalla ha comenzado.

viernes, 28 de agosto de 2020

Guía para ser profesor en la escuela privada

La gran mayoría de las personas que cursan el Máster de Profesorado, se dedican a estudiar oposiciones para convertirse en funcionarios públicos. Algunos se apuntan a academias y se dedican íntegramente a ello, otros lo compatibilizan con trabajos, ya sea dentro o fuera del ámbito educativo. Sin lugar a dudas, la educación pública es la opción que mayor estabilidad ofrece al profesorado. Sin embargo, existen otras opciones para ejercer la enseñanza, que son los colegios privados y concertados, en donde la contratación se basa en el currículum y experiencia, la valía de cada uno y las materias que el docente pueda impartir, esto es, las famosas habilitaciones.

A este respecto, existe una normativa nacional en la que se especifican las materias que un licenciado/diplomado/graduado puede impartir en función de sus estudios. Algunas habilitaciones se consiguen "de facto", esto es, para las materias cursadas específicamente en la carrera. Otras, han de ser justificadas mediante los créditos cursados en la universidad relacionados con la materia para la que uno pretende habilitarse, exigiéndose actualmente un total de 24 créditos para obtener una evaluación positiva. Las comunidades autónomas abren plazo para solicitar habilitaciones unas tres/cuatro veces al año, siendo la documentación requerida: certificación académica, título de Máster de profesorado y en el caso de comunidades como Galicia, acreditación del conocimiento de lengua gallega.

Una vez conseguidas las habilitaciones, comienza la búsqueda activa de empleo. En los tiempos que corren, lo más frecuente es hacerlo a través de Internet. Para ello, lo primero es disponer del listado de centros de nuestra comunidad. En el caso de Galicia, la Consellería dispone de un buscador de centros en el que podemos filtrar por provincia, titularidad del centro y régimen de enseñanza. Al extender la búsqueda a toda la comunidad, obtendríamos un total de 157 colegios concertados y 19 no concertados, en los que se imparte enseñanza secundaria. En este listado, se incluye la dirección web de cada colegio.

A la hora de enviar currículum, lo más recomendable es visitar la web de cada centro. En algunas, hay un apartado "trabaja con nosotros", en el que a través de un formulario podemos presentar nuestra candidatura. Otras, disponen de una bolsa de trabajo en la que podemos registrarnos, que englobaría todos los colegios de una orden religiosa en concreto. En algunos casos, sin embargo, encontrar un email de contacto supone tomarse un tiempo navegando en la página. Aunque algunos centros facilitan en su web el email de dirección, lo más frecuente es que aparezca el general del centro o en su caso, el de secretaría, a donde remitiremos nuestro correo. En algún caso, recibiremos un email de confirmación programado, en el que nos informan de la inclusión en su base de datos. En la mayoría, silencio absoluto. Una vez hecho esto, solo resta esperar pacientemente a que suene el teléfono. Buena suerte!

miércoles, 22 de abril de 2020

Diario de un profesor teletrabajador

Son las 8.30- 09.00 a.m. Me levanto pensando en las tareas de hoy. Algunos días, incluso sueño con ellas; o no duermo dándole vueltas a qué les pediré. Desayuno viendo el informativo y enciendo el ordenador. Aluvión de correos recibidos después de las 9 p.m., hora en la que tengo por costumbre, apagar el ordenador. Envío las tareas programadas por partida doble: por la plataforma para los alumnos y comunicado a las familias. En algunos casos, las mando también a emails personales, después de pasar un rato buceando en la bandeja de entrada en la búsqueda de la dirección.

Reviso la entrega de tareas en la plataforma. Intento hacer comentarios personalizados a cada alumno. Parezco una penitente al repetir setenta veces lo mismo. Felicito a los que trabajan. Estiro el cuello para ver las fotos giradas. Registro quien ha entregado y quien no en la hoja de seguimiento. Abro de nuevo la plataforma para informar a padres. Soy como el fisco. Recibo justificaciones varias de los retrasos en la entregas. Hay quien no se maneja con las herramientas informáticas, quien no tiene buen acceso a Internet, quien no se ha organizado bien o quien se ha tomado vacaciones. Dan las 13.00-13.30 p.m. y dejo el ordenador para preparar la comida. La pantalla queda en suspensión, pero el móvil, en el que también he instalado la aplicación, sigue vibrando.

Veo un capítulo de una serie para hacer la digestión y vuelvo al ordenador. Son las 15.30-16.00 pm. En el intervalo de dos horas, ya me han entrado unos quince o veinte correos más. Gracias a dios, muchos son notificaciones de entrega de tareas. No preguntan nada pero hay que confirmar recepción. Con el correo siempre abierto, redacto las próximas tareas y fijo videoconferencias. Aviso a los alumnos de que miren su buzón, al que les llegará la invitación. En la pestaña del email, aparece un uno entre paréntesis (1). Pasa la tarde y hago pequeñas paradas para estirarme, leer un rato, hablar con mi madre. Suena una bocina en la calle, son las 8 p.m. y es hora del aplauso.

Son las 08.05 pm y toca hacer un último chequeo de tareas antes de cenar. Muchos las envían a estas horas. Me pregunto si el trabajo que mando es el adecuado. Algunos las envían al poco de subirlas, otros cinco minutos antes de concluir el plazo. Imposible calibrarlo. Me doy cuenta de que a muchos alumnos  les cuesta organizarse. Dudo si es bueno o malo marcarles plazos. Sin fechas de entrega se dispersan y con ellas, se estresan; es un hecho probado. Me pican los ojos y a eso de las 09.00 p.m., después de doce horas encendido, apago el ordenador. Ceno, veo un poco la tele y me voy temprano a cama, que mañana toca videollamada.

sábado, 18 de abril de 2020

Alumnos coronados

En las últimas semanas, las dificultades de aprendizaje de muchos alumnos se han visto acrecentadas por la telenseñanza. La falta de acceso a medios infórmaticos o el desconocimiento de como utilizarlos han sido los principales obstáculos a los que el alumnado ha debido enfrentarse para seguir en contacto con profesores y escuela. A pesar de lo antinatural que pueda resultar el confinamiento en la infancia-adolescencia, hay un pequeño-gran grupo de alumnos para los que la reclusión está siendo positiva en términos de aprendizaje. Supongo que como salir no se puede, lo que queda es cultivarse.

En primer lugar, están los alumnos diagnosticados de déficit de atención e hiperactividad, a los que les cuesta mucho concentrarse en el aula. Rodeados como están de los compañeros, cualquier cosa les resulta más interesante que lo que sucede en la pizarra. Se distraen ellos y distraen a los demás. Trabajar en casa, de manera individual, bajo la supervisión de un familiar se traduce en una mejora sustancial del rendimiento académico, ya que estos niños están siendo atendidos en sus hogares como lo haría un profesor de pedagogía terapéutica en el aula.

En segundo lugar, están los alumnos que tienen por costumbre ser los más graciosos de la clase. En ausencia de sus congéneres, el gasto de recursos cerebrales se limita a la realización de las tareas escolares. No tienen profesores a los que desafiar ni público que se ría de sus chistes, así que el tiempo que invierten en hacerse notar en el aula, lo emplean ahora en trabajar vía telemática.

En tercer lugar, están los alumnos que, al no tener claras sus prioridades, se dejan llevar por las malas influencias. En esta categoría, se incluyen aquellos alumnos que suelen rondar al malote de turno, en muchos casos, algún repetidor. En el entorno del aula, estos alumnos se compinchan con el jefe de la banda para boicotear al profesor y una vez más, intentar hacer la gracia. En el entorno doméstico, lejos del alumno instigador, trabajan de manera más que satisfactoria. 

Finalmente, están los alumnos que se esfuerzan en atender en clase pero no consiguen seguir al profesor debido a las interferencias que los grupos anteriores generan en el aula. Así, en una clase virtual, donde cada uno está en su casa, el canal de comunicación está lo suficientemente limpio como para que la comprensión sea más fácil. En estas circunstancias atípicas, incertidumbre aparte, nuestros alumnos se están "coronando", demostrando capacidad de adaptación, esfuerzo y una paciencia de la que creíamos que carecían. Esa es la lección más importante del año.

lunes, 28 de octubre de 2019

Enseñar a quien no quiere aprender

Uno de los principales hándicaps de enseñar en Secundaria es que en no pocas ocasiones, el alumnado no tiene el mínimo interés en aprender. La juventud está completamente desmotivada y es difícil descubrir sus centros de interés. No es que no les guste una materia, es que no les gusta ninguna. Muchos se dedican de forma exclusiva a ver la vida pasar, agotando al sistema hasta que cumplen la edad necesaria para irse a la FP básica. Pasan los años, no aprueban ninguna pero pasan de curso por imperativo legal. Y así se perpetua el fracaso escolar.

En mi corta carrera docente, he dado clases en la Universidad y también particulares a domicilio. La diferencia con la enseñanza en Secundaria es abismal. En el primer caso, el alumnado supera los dieciocho años y ha escogido una carrera de forma vocacional. En el segundo, el docente tiene un único alumno, que por la cuenta que le trae (y el bolsillo de sus padres), sacará el máximo partido a las clases. Superada la adolescencia y al margen de las distracciones del grupo, la enseñanza es sin lugar a dudas, una tarea muy gratificante.

Enseñar en Secundaria, sin embargo, es un reto de mayor dimensión, se trata de transmitir conocimiento a un gran grupo de personas obligadas a permanecer entre esas cuatro paredes del aula. Es por eso que el alumnado usará estrategias varias para distraerse y perder el tiempo. No faltará quien pida cincuenta veces ir al baño, quien se ofrezca para hacer fotocopias aún cuando sea innecesario o quien pregunte de forma repetitiva lo último que se acaba de decir. El caso es obstaculizar la labor docente.

Por suerte, aún quedan alumnos en Secundaria con un ansia inagotable de aprender. No me refiero a aquellos a los que sólo preocupa sacar el diez, los resultadistas, como les llamo yo. Las dudas de estos se refieren únicamente a los exámenes, lo que les importa es ser el mejor. Me refiero a esos alumnos que se acercan al profesor cuando termina la clase y le plantean cuestiones de todo tipo, aunque no tengan que ver con la materia que se está explicando. Me refiero a esos alumnos que son capaces de razonar, más allá de la chapatoria. Esos alumnos que son conscientes de que los exámenes no son más que una herramienta de evaluación, esos alumnos que cuando toca el timbre te dicen "profesor/a, me gustan mucho tus clases".

sábado, 5 de octubre de 2019

Ciencia e hiperactividad

En los últimos años, se han incrementado el número de alumnos diagnosticados de hiperactividad en las aulas. Parece ser una epidemia moderna que afecta a todas las etapas educativas, desde infantil a secundaria. Si bien esta figura existió siempre, la del niño inquieto que interrumpe continuamente, ahora cobra protagonismo al existir protocolos específicos de actuación en las aulas. Y aunque es imperativo atender a la diversidad del alumnado, el debate está servido, pudiendo enmascararse la rebeldía, la desidia o los malos modales bajo el paraguas de la hiperactividad.

Para un profesor, dar una clase en un aula con un alto número de niños hiperactivos es una tarea muy dificultosa. La normativa dice que estos niños han de sentarse en los pupitres de delante. El problema, muchas veces, es que murmuren o hablen, haciendo que los alumnos de atrás no puedan escuchar las explicaciones. Entendiendo que los hiperactivos necesitan moverse continuamente, el profesor autorizará que se levanten en determinadas ocasiones (para ir a la papelera, al baño, etc.). En otras muchas, se balancearán en la silla o jugarán con el material, acabando casi siempre por los suelos.

Aunque en el aula la conducta de estos niños pueda ser disruptiva, es en el laboratorio donde entraña graves peligros para la propia integridad y la de los compañeros. Si bien en los laboratorios escolares, los productos químicos están bajo llave, un procedimiento a priori inocuo, como la separación de una mezcla, puede convertirse en algo peligroso si el material de vidrio termina rompiéndose. Los ácidos y mecheros, se mantendrán alejados de los niños debido al elevado riesgo de quemaduras e incendios.

Si convivir con un niño incapaz de estarse quieto es complicado, intentar transmitir conocimiento a varios juntos, es practicamente imposible. Así, es frecuente que haya que repetir la última frase pronunciada dos veces sistemáticamente, porque el alumno hiperactivo se convierte en un eco, que pregunta justo aquello que el profesor acaba de afirmar. Su necesidad de hablar es tan imperiosa que no esperará a que se le conceda la palabra. Y al profesor no le quedará otra que trabajar su paciencia, esa que el alumno jamás tendrá.

Querido abuelo IX

Querido abuelo, Hoy, después de casi un año, te escribo para contarte que siento un vacío grande en el estómago y en el corazón. Este año, d...