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lunes, 5 de febrero de 2024

FP BÁSICA: FALLO DEL SISTEMA

Al poco de enterarme que este año me tocaría dar clase en FP Básica, uno de mis primos, que lleva bastantes años como docente de Formación Profesional, me dijo: "al alumnado de FP Básica, lo único que le puedes dar es cariño". En su momento, la frase me pareció desoladora. Sin embargo, inicié el curso motivada por el reto de intentar enseñar algo útil a un grupo de chavales en los que confluyen necesidades educativas especiales, problemas conductuales y situaciones familiares complejas. En muchas ocasiones, agravado esto, por el consumo de sustancias. Nuestro alumnado son las víctimas del sistema.

Cuando empezó el curso, enseguida me di cuenta de que la motivación por el aprendizaje en estos chavales no es que sea escasa, es que es inexistente. Esto se manifiesta en el saludo diario, cuando a los "buenos días", contestan "serán para ti" y eso, los que contestan. El tiempo de atención es muy limitado, cinco minutos de discurso del docente bastan para que hayan desconectado. Entonces, se entretienen lanzando objetos y faltándose al respeto, algo que parecen haber asumido como deporte. El insulto es su lenguaje; los gritos, su tono habitual. El esfuerzo del docente, afanado en aplicar metodologías alternativas que puedan motivarlos (jugar, construir, experimentar), se ve recompensado con burlas o la más absoluta indiferencia. Y es así como, psicológicamente agotado, el docente coge la baja después de Navidades. En cuanto a ellos, la vida sigue igual: un día más calentando la silla, uno menos para que se acabe la obligatoriedad. Es algo que reconocen abiertamente además, "cuando cumpla los dieciséis, ya no me veis más". Y llegado el día, la terrible profecía se cumple: adiós escuela, hola delincuencia.

Personalmente, creo que nuestra labor como docentes es evitar que estos alumnos abandonen el sistema, contagiarles la ilusión por un oficio, por hacer algo de provecho con sus vidas. La teoría todos la conocemos, pero la práctica, el día a día en las aulas, es otra historia. Dar clase, la labor más grata para un docente, se convierte en una penitencia, un reto desalentador, sobrevivir hasta final de curso. Vale que el alumno estándar de FP Básica no sea receptivo, pero tampoco se trata de estigmatizarlo aún más, sino de buscar la forma en la que el sistema ayude al profesorado en la ardua tarea de educarlos.

Desde que hace unos meses, empecé a impartir docencia en esta etapa, he reparado que determinados aspectos de la organización escolar juegan en contra del profesorado. En primer lugar, no se entiende como estos chavales tienen en su horario dos horas seguidas de la misma materia. Es lógico en el taller, pero no en los módulos comunes que habitualmente aborrecen. Son horas completas además, no sesiones de 50 minutos como en la ESO. La primera la aguantan, pero la segunda es un esfuerzo titánico, una batalla perdida para el docente. Por otra parte, no se concibe como estos chavales, muchos de ellos con TDAH, no tienen al menos dos horas semanales de Educación Física; necesitan moverse, como cualquier adolescente, pero más si cabe. Igualmente, es sorprendente que en FP Básica no existan las adaptaciones curriculares, gracias a las cuales, muchos alumnos con dificultades salen adelante en Secundaria. Tampoco hay en los centros, profesorado de pedagogía terapéutica que trabaje con ellos, lo que nos pone en la esperpéntica situación de explicarle ecuaciones de primer grado a un alumno de quince años que suma con las manos. Todo esto añadido al gran problema de todo el sistema educativo: las ratios, que dadas las características de este alumnado, debieran ser aún más bajas.

No sea esta una canción desesperada, porque si de algo estoy segura es de que la educación puede cambiar el mundo; aún quedan muchos y muchas docentes en las aulas con ganas de intentarlo. Necesitamos, sin embargo, que nos doten de los recursos necesarios para que no nos pueda el desánimo. Si la pérdida de autoridad es un mal generalizado del sistema educativo, la vulnerabilidad del profesorado de FP Básica es máxima, sometido como está diariamente al desplante y con esa perpetua sensación de fracaso. En los tiempos que corren, más que nunca, ser docente es ser valiente.

jueves, 6 de mayo de 2021

SOS adolescentes

Que los adolescentes son un colectivo vulnerable a los problemas de salud mental es una cuestión harto conocida por familias y docentes. Que la fatiga pandémica se ha cebado especialmente con ellos, es un hecho contrastado por los que compartimos su día a día en las aulas. Muchas veces me cuestiono porqué ahora parece que los jóvenes tienen más problemas mentales que antes. Cuando yo iba al instituto, pocos niños o casi ninguno acudían a terapia con especialistas (al menos que yo tenga conocimiento); a día de hoy, las consultas de psicólogos infanto-juveniles están colapsadas de niños con déficit de atención e hiperactividad, trastornos de ansiedad, depresión y un montón de cosas más. 

A veces, creo que los niños de ahora no tienen la resiliencia de antaño. Quizás sea por haber sido criados entre algodones, les cuesta mucho afrontar los problemas y encajar los fracasos. Pueda derivarse esta actitud de la sobreprotección paterna, que impide a los hijos tropezar, en lugar de ayudarlos a levantarse. Este comportamiento se hace patente, por ejemplo, cuando el niño no pregunta al profesor, sino que es el padre o la madre el que envía un comunicado para decir que su retoño no ha entendido algo. Y así, a pesar de que vayan creciendo, los seguimos infantilizando. Pero este no es un problema exclusivo de los padres, sino que también los profes somos responsables, pues nos sorprendemos a nosotros mismos subrayando el libro de texto a estudiantes de dieciséis años, privándolos así de la capacidad de discernir lo importante.

Otras veces, pienso que los adolescentes de ahora se enfrentan a problemas más graves que los que teníamos antes, debido en gran parte al impacto de las redes sociales. La generación analógica ha dado paso a la generación tecnológica, que durante su primer año de vida ya aprende a manejar la tablet. Los niños, como los adultos, se vuelven esclavos de las pantallas, y su personalidad pasa a estar directamente influenciada por las redes sociales. Si aceptarse durante la pubertad ya es difícil de por sí, imitar los cánones actuales es peligroso a la par que inquietante. Los niños ya no aspiran a ser como sus padres o sus profesores, sino que quieren vivir de las redes como sus ídolos hacen. Moda y videojuegos, esas son sus prioridades. Si a todo esto sumamos la incertidumbre sobre a qué dedicarse, la imposibilidad de pasar tiempo con los amigos o la desmotivación provocada por la pandemia, bastante hacen los pobres con seguir adelante.

A la presión por encajar, característica de estas edades, hemos de añadir la presión por "ser perfectos", que algunos padres imponen a sus hijos. Sorprende enterarse como alguno que otro castiga a su hijo sin móvil por bajar del 9 al 8,75. En el otro extremo, están los que tras un curso entero de incidencias, aún no han decidido manifestarse. Lo social, lo de casa y desgraciadamente, el acoso virtual; porque si algo les importa a los chavales es lo que opinen sus iguales. Es aquí donde los móviles se convierten en armas con las que se hieren unos a otros profundamente. Cuando en mi época se metían con nosotros en el patio del colegio, teníamos donde refugiarnos, en la desconexión de nuestros hogares. Ahora, los adolescentes que sufren, no tienen lugar a donde escaparse, aunque siempre les quedará la escucha comprensiva y el abrazo amable de un profesional, de un profesor o de un padre. 

lunes, 5 de agosto de 2019

Vacaciones escolares

Si no eres profesor, habrás dicho infinidad de veces eso de "la docencia es un chollo porque tienes dos meses de vacaciones". Si eres profesor, ante tal aseveración, habrás pensado en más de una ocasión, "me gustaría que entrases en un aula y verás como cambias de opinión". Si bien los profesores no podemos quejarnos si nos comparamos con otros trabajos, nos vemos obligados con frecuencia a reivindicar nuestro derecho al descanso vacacional: ese tan necesario para una buena higiene mental. 

En el período estival, los profesores disfrutamos más que nunca de los momentos de soledad. Después de nueve meses escuchando gritos a diario, el silencio se convierte en uno de los mayores placeres veraniegos: en la playa, en la casa del pueblo o donde tengamos a bien desconectar. Es por eso, que el profesor estándar huirá de las muchedumbres, prefiriendo los grupos pequeños para charlar. Aprovechará para enfrascarse en la lectura de todas esas novelas que fue anotando a lo largo del año y que debido a las obligaciones profesionales, no pudo abordar. Se dedicará a la jardinería, al deporte o a las manualidades. Y en el mejor de los casos, hará un gran viaje, a poder ser al extranjero, lejos de niños y papás.

Pero no todo es disfrute en el período vacacional, porque el abnegado profesor continuará trabajando en los materiales del próximo curso: elaborando nuevos contenidos o rehaciendo los pasados; pensando en lo que funcionó y en lo que no, exprimiéndose los sesos para hacer que su odiada asignatura sea más atractiva e interesante, leyendo libros sobre educación y metodologías innovadoras y buscando cursos de formación para aumentar su experiencia y currículum. Porque esta, al igual que muchas otras, es una tarea en la que cuanto más investigas, más consciente eres de lo poco que sabes. "El buen profesor, nunca deja de ser alumno".

Y entre una cosa y otra, transcurren las vacaciones y el tiempo se nos escapa de las manos. Cuando amigos y conocidos nos preguntan, aprovechamos para quejarnos, que eso se nos da de maravilla a los profesores, para que negarlo. Nuestra palabra favorita es FALTA: el respeto en las aulas, la infraestructura, los recursos didácticos, el personal de apoyo y un largo etcétera. Lo bueno es que la experiencia es un grado y cada año, nos hacemos un poco más sabios. Dos meses imprescindibles para recargar pilas y en septiembre, volver con ganas renovadas.

Querido abuelo IX

Querido abuelo, Hoy, después de casi un año, te escribo para contarte que siento un vacío grande en el estómago y en el corazón. Este año, d...