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viernes, 1 de noviembre de 2024

Docente sustituto, maestro en mudanzas

Mucho se habla de la buena vida del docente, no tanto de lo convulso que es el inicio del curso para el profesorado sustituto. La gente suele decirnos que no podemos quejarnos, tenemos el mejor calendario. Si bien esto es cierto, pocos son conscientes de la vorágine que supone para nosotros el mes de septiembre. Tras la calma veraniega, llega el momento más estresante del curso. Consultar la aplicación de la Consellería a diario, estar pendiente del teléfono y prepararse para, de un día para otro, tener que mudarse.

Si tienes la suerte de obtener plaza en agosto, podrás ir preparando el aterrizaje, buscando opciones con calma. Lo más habitual, sin embargo, es que no te avisen hasta el día anterior al inicio de clases. No tienes tiempo a buscar vivienda ni sabes que materias impartirás; lo que toca es ir día a día, sobreviviendo hasta el fin de semana. Es lo que yo llamo un aterrizaje de emergencia. Para los que somos de organizarnos con tiempo, esta situación es muy desafiante, ya que resulta complicado centrarse en la planificación de clases cuando no tienes un lugar donde cobijarte. Es por eso que siempre nos utilizo a los docentes sustitutos como ejemplo ilustrativo de la Pirámide de Maslow. 

Básicamente, existen tres opciones en el aterrizaje: conducir hasta tu casa, alojarte en una pensión u hostal o quedarte con el primer piso que encuentres medianamente confortable. Hay quien baraja la opción también de comprarse una autocaravana. La premura te impide prestar atención a varios detalles en los que en otras circunstancias, te fijarías a la hora de mudarte, como por ejemplo las humedades. Te pican los ojos, se te hiela la cabeza en cama y convives con los hongos que proliferan en superficies varias. En el mejor de los casos, dispones de un deshumidificador, en el peor, recurres a la ventilación. Un tema aparte es el menaje, que hasta que no lo tienes, no caes en la cuenta de como es de indispensable. Quizás en el anuncio del piso ni siquiera figure esto, quizás con las prisas ni cuenta te has dado.

Es por eso que la toma de posesión de una plaza desata una oleada de cortisol, que con suerte durará un par de semanas, hasta que por fin, consigas estar instalada. Es posible que esos primeros días, tengas que dormir tapada con una toalla porque no tienes ropa de cama. Quizás tengas que comprar platos y vasos desechables, una cucharilla para tomarte un yogur o un cuchillo para hacerte un bocata. Tendrás que renunciar a beber y comer caliente, por no disponer de tazas, sartenes u ollas. Pequeñas miserias cotidianas del que tiene que enfrentarse en tiempo récord a lo que según los expertos es uno de los sucesos vitales más estresantes: mudarse. Menos mal que como en todo en la vida, la experiencia es un grado y año tras año, vamos haciendo callo. 

viernes, 2 de agosto de 2024

La frustración en la carrera docente

Una vez, mi director de tesis me dijo lo siguiente en relación a su puesto de profesor en la universidad: "los que estamos aquí no es que seamos mejores, simplemente resistimos el desgaste al que nos somete el sistema". Después de unos años dedicándome a la docencia y habiéndome introducido este último en el sistema público, he descubierto que tenía razón. Me sigue sorprendiendo que alguna gente juzgue "la buena vida" del profesorado, sin ser consciente de la carrera de obstáculos que supone tener una plaza. Las personas que lo logran son auténticos héroes y heroínas a los que a base de trabajo duro y muchas renuncias, en un momento dado, les ha sonreído la suerte. Factor clave cuando se suma al esfuerzo.

Empecemos por la enseñanza privada. Puede ocurrir que el perfil de profesor encaje con el proyecto educativo del centro, que el equipo directivo esté satisfecho con su trabajo, que congenie con sus compañeros, que sea valorado por el alumnado pero... no existan vacantes tras concluir la sustitución pertinente. El docente, 100% implicado con el colegio, habrá de lidiar con la frustración que supone que valoren su trabajo, pero no haya vacantes en el claustro. Quizás le aborde el pensamiento "si lo hubiese hecho mal, sería más fácil entenderlo". Aunque le cueste encajar la no renovación, se dará cuenta de que lo importante es la sensación de haber hecho lo correcto y buscará otros colegios, hasta que en un momento dado, consiga una jubilación o una plaza recién creada. Para que luego digan que es fácil trabajar en la privada. Suerte sí, pero buscada.

Sigamos con la enseñanza pública, el culmen de la meritocracia; un sistema que desafía la salud mental del profesorado año tras año. En tanto que sustituto, el docente tratará de acostumbrarse a la incertidumbre de no saber donde estará o que materias impartirá el curso próximo, con las consecuencias que esto traiga para su vida personal. A ello, le sumará la preocupación de hacer cursos para sumar puntos en el famoso concurso-oposición (si es que un día llega a aprobarla). Estudiará varios años consecutivos, llegará incluso a aprobar el examen, pero quizás no obtenga la plaza. Habrá de lidiar con la frustración del esfuerzo no recompensado y seguirá intentándolo (obligado por el sistema), hasta que un buen día, consiga situarse a la cabeza de la lista y obtenga la plaza. Una vez más, la suerte sí, pero buscada.

Volviendo al doctorado, por el que comenzamos. Si algo se aprende en esos años, es a ser resiliente, a trabajar para ver resultados en el plazo de años y sobre todo, a aceptar que hay factores que no dependen de uno mismo en la consecución de un puesto. La existencia de vacantes en los centros concertados, la obtención de una plaza en el concurso-oposición o mismo la consecución de una plaza docente en la universidad son sucesos que, en cierta manera, dependen del azar y de la situación de otras personas. La suerte no llega de repente, hay que vencer la frustración y no dejar de perseguirla. 

Querido abuelo IX

Querido abuelo, Hoy, después de casi un año, te escribo para contarte que siento un vacío grande en el estómago y en el corazón. Este año, d...