domingo, 18 de junio de 2023

Buenas y no mejores amigas

Tengo que confesaros que siento verdadera admiración por aquellas personas que conservan a sus amigas de la infancia. Desde el colegio, aún separadas en la universidad, hay amigas que son capaces de mantener el contacto y reencontrarse después de años, muchas veces convertidas en madres. Esas amigas que compartían sueños en el instituto y de adultas, siguen compartiendo vida. Esas amigas, que gracias al esfuerzo de ambas partes, han conseguido un vínculo inquebrantable. Es algo mágico.

De adolescente, tuve una mejor amiga. En aquel tiempo, ella era todo para mí. Nos pasábamos el día juntas; una en casa de la otra, éramos uña y carne. Fueron muchas las veces que nos juramos amor eterno; lo escribimos en nuestras carpetas, jamás nos enfadamos. Ella tenía un carácter fuerte; yo, no tanto. Pero hacíamos un tándem perfecto, nos defendíamos mutuamente y nos creímos inseparables. Supongo que estábamos cegadas por el amor que nos profesábamos y éramos incapaces de ver nuestros respectivos defectos. Nos costaba decirnos abiertamente que nos habíamos hecho daño. No creo que ninguna fuera culpable, ambas lo dejamos pasar y no pudimos resistir el paso del tiempo. 

De adulta, tuve la suerte de tener varias "mejores" amigas. Comprendí que las amigas de verdad no requieren esa exclusividad superlativa. Ni mejores ni peores, simplemente, buenas amigas. Al igual que en la infancia, esas amigas nacieron de circunstancias comunes; misma carrera, mismo trabajo. Compartimos tiempo y espacio, siendo conscientes de que las circunstancias de ambas en un futuro, cambiarían. Exprimimos al máximo esas épocas juntas y tuvimos también nuestras desavenencias. Teníamos ya un carácter forjado, éramos muy parecidas en algunas cosas y en otras, muy diferentes. Nunca nos cegó el amor, siempre tuvimos la confianza suficiente para hablar de nuestros defectos. Hubo momentos en que nos reconocimos que nos habíamos hecho daño, pero ambas pusimos de nuestra parte y conseguimos resistir el paso del tiempo.

Hay personas que pueden construir amistades incondicionales ya desde la adolescencia. Cuando miro a mi alrededor, me doy cuenta de que estas personas tienen ciertas cualidades en común: sólidos valores, una gran madurez, un amplio sentido del deber y la responsabilidad y una generosidad sin límites. Otras personas, entre las que me incluyo, necesitamos encontrarnos a nosotras mismas para poder construir amistades incondicionales. Afortunadas las que tenemos esas amigas de referencia a nuestro lado.

martes, 25 de abril de 2023

Doctor Jekyll y Mr. Hyde

En estos últimos meses, en los que he vuelto a dar clases particulares, he podido reparar en la dicotomía que supone ser profesor de aula y profesor particular. Si bien ambos enseñan, el profesor de aula tiene la responsabilidad/poder de evaluar, lo que en ocasiones, lo convierte a ojos del alumnado en una figura a temer y respetar. El profesor particular, en cambio, es una especie de consejero, una figura de confianza que emprende junto al alumno la tan importante empresa de "aprobar". Se forja entre ambos una alianza tácita con un objetivo común: "combatir" al profesor de aula. Y es que los docentes hemos de ser versátiles, en ocasiones Doctor Jekyll (particular) y en otras, Mr. Hyde (titular).

El profesor particular establece con su alumnado una relación cercana, conoce de primera mano sus preocupaciones y dificultades y al no tener la presión añadida de evaluar, disfruta plenamente del proceso enseñanza-aprendizaje. Al ser un sólo alumno o un pequeño grupo, dispone del tiempo suficiente para pararse con cada uno y que nadie se quede atrás. El clima de las clases es muy familiar, al encontrarse el alumno fuera de su grupo habitual no duda en preguntar ni teme cometer errores. Solo así, se puede poner en práctica un verdadero aprendizaje horizontal. La contrapartida de todo ello es que el profesor particular debe amoldarse a las directrices del profesor titular, no disponiendo de mucho margen para la innovación o la creatividad. Las familias recurren a él con un objetivo claro: aprobar.

El profesor titular (Mr. Hyde) cuenta con decenas de alumnos a los que a veces, es difícil manejar. Desbordado por el mal comportamiento de una clase, puede perder la paciencia con mayor facilidad. Ha de lidiar con momentos de griterío extremo cuando quiere explicar y con los incómodos silencios cuando lanza una pregunta al aire y por miedo a hacer el ridículo, nadie se atreve a contestar. Situaciones ambas que resultan de lo más frustrantes y pueden desembocar en un aprendizaje vertical, donde el profesor dicta y el alumno se limita a copiar. El profesor de aula tiene, sin embargo, el magnífico poder de transformar el currículum y hacerlo atrayente para su alumnado, de contagiar el amor por su materia e influenciar a un gran número de estudiantes. Como decía el tío Ben, "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" y la contrapartida a esto, es tener que evaluar.

La mayoría de profesores empezamos nuestra carrera como Doctor Jekyll, dando clases a unos pocos alumnos de Secundaria cuando estamos en la universidad. La diferencia de edad con nuestro alumnado es menor y quizás por esto, es más fácil para todos empatizar. Las clases particulares son una oportunidad magnífica para disfrutar de la docencia, sin la presión del papeleo, los exámenes o las notas. Desafortunadamente, no siempre es un trabajo bien remunerado. Así que por cuestiones salariales y sobre todo vocacionales; el doctor Jekyll se transforma en Mr. Hyde, pasa a ser matutino y asume gustoso el papel de "villano" para poder liderar un verdadero cambio en las aulas.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Querido abuelo V

Querido abuelo,

Siempre que el año termina, no puedo evitar echar la vista atrás y hacer balance. Hace ya seis años que no estás y mi vida, como ya te he contado en otras ocasiones, ha cambiado mucho. De la universidad a un colegio y luego a otro y después, a otro más, esta vez en distinta ciudad. Tú ya sabes abuelo que soy una persona que se adapta fácilmente a los cambios, a la que le gusta reinventarse, pero no te voy a negar que últimamente, cuando miro a mi entorno, añoro cierta estabilidad. Conocer formas distintas de trabajar me ha hecho crecer como docente, pero despedirme de alumnos y compañeros a los que aprecio, es algo que por más veces que haga, me sigue costando. Y es que es difícil no encariñarse con las personas, sobre todo si son tan maravillosas como con las que he tenido la suerte de cruzarme. 

Pero vayamos al lío, abuelo, que ya sabes que yo soy mucho de enrollarme. Lo cierto es que este año, en lo que se refiere al ámbito profesional, no puedo quejarme. Como profesora, conseguí un contrato a tiempo completo, impartiendo únicamente mi asignatura; ese es un lujo que no siempre tenemos los docentes. Y como lo he disfrutado, abuelo. Lejos de los conflictos de la edad del pavo, he podido desarrollar la materia como siempre había soñado, haciendo proyectos, compartiendo inquietudes e intentando contagiar a los chavales mi entusiasmo. Aunque asumo gustosa el reto de la ESO, he podido experimentar lo increíble que es enseñar en Bachillerato, a alumnos hipermotivados, a los que les interesa de verdad la asignatura, con los que se puede practicar la exigencia y la cercanía a partes iguales. Tener la oportunidad de enseñar a los mayores ha sido, sin duda, la gran experiencia de este año.

En lo que concierne a mi vocación divulgadora, he conseguido sacar un gran proyecto adelante en la mejor de las compañías: un concurso de monólogos científicos. Ya sabes, abuelo, que en la divulgación, encontré la forma de aunar mis dos grandes pasiones: la ciencia y la comunicación. Fueron meses de arduo trabajo pero la experiencia mereció la pena; plantamos la semilla de algo importante, abuelo, pues como en todo, lo difícil son los comienzos. Gracias a ello, he conocido gente nueva, con intereses comunes a los míos; estoy segura que no cejaremos en el empeño de convencer al personal de las bondades de la ciencia. Al margen de ese gran proyecto, he seguido haciendo mis pinitos en colegios y universidades; todo sea por inspirar vocaciones científicas que, al fin y al cabo, es mi ambicioso sueño. El que nació gracias a mis maestros, los del cole, los del instituto y los de la universidad. Olé por ellos.

Por último y no menos importante, abuelo, la razón por la que amo este trabajo. Este año he tenido la oportunidad de profundizar en el conocimiento de las personas gracias al voluntariado. A la experiencia portuguesa que te he contado, he de sumar las visitas al economato con los estudiantes de Bachillerato. Ser testigo de como personas tan diferentes, como jubilados y escolares, dedican su tiempo a ayudar a otros, es de esas cosas que te devuelven la esperanza en el género humano. Las actividades en las que coinciden distintas edades, son una oportunidad única para el aprendizaje de valores, como el respeto al diferente, al desfavorecido, a los mayores. Aún recuerdo el día que acudí a los talleres donde los chavales dan clase a octogenarios que no pudieron ir a la escuela; una de esas experiencias que traspasa corazones. Dicen abuelo, que esta a la que estoy educando, es la generación más empática de todas; después de lo que he visto y vivido, me atrevo a decirte que hay esperanza. 

Gracias por seguir inspirándome.

Te quiero,

Eva

domingo, 4 de diciembre de 2022

Oda a 1ºESO

Si hay un curso de la ESO realmente especial para los profesores, ese es 1º de ESO. Un curso tan apasionante como agotador, por el que, en mi opinión, todos los profesores de Secundaria deberíamos pasar, para valorar, aún más si cabe, el trabajo de nuestros compañeros de Primaria. Un curso de esos, que hacen callo. Recién estrenada la ESO, la mayoría de niños y niñas aún conservan esa curiosidad y ganas de aprender características de la infancia. Esa, que a los profesores, nos llena el corazón de ternura e incluso, hace que nos sintamos mal cuando toca llamar a filas a nuestro alumnado. Y es que esas personitas tan ansiosas y motivadas, son las mismas que nos absorben la energía, como si de pequeños dementores se tratara. Tanto es así, que el nivel de agotamiento tras cuatro clases seguidas en 1ºESO es equivalente a una maratoniana jornada de entrenamiento.

Cuando un profesor baja a 1º ESO desde cursos superiores, de lo primero que se da cuenta es de la necesidad de ralentizar el ritmo de las clases. Las indicaciones deben ser repetidas un mínimo de tres a cinco veces. El nivel de autonomía del alumnado es muy bajo, siendo el profesor responsable de indicar todos y cada uno de los pasos a seguir en la clase; sin pasar por alto si lo que va a escribir en la pizarra, se copia a continuación, en otra hoja, en otra carilla o a boli o a lápiz. A este nivel, a la mayoría del alumnado le asusta la permanencia del bolígrafo y es frecuente que entreguen pruebas anónimas escritas a lápiz. Y es que poner el nombre en exámenes y trabajos, fue, es y seguirá siendo el caballo de batalla de los profesores a lo largo de los tiempos. A esta edad, empieza a desarrollarse el pensamiento abstracto y aunque son muy hábiles memorizando, las tareas que requieren ciertos niveles de razonamiento, como las preguntas tipo test, les cuestan mucho trabajo. Esas mismas dificultades están presentes en lo que al control de impulsos se refiere, pues con doce años, la paciencia no es una virtud que la mayoría practique. Así, nada más entrar en el aula, el docente será testigo de como el alumnado repite su nombre en innumerables ocasiones, se levanta del sitio sin  permiso o le da con el dedo en el brazo reclamando atención para pedir ir al baño, a la taquilla, a la papelera o donde se precie.

A pesar del esfuerzo que supone mantener el orden en una clase con estas características y de la prueba de fuego a la paciencia del docente, trabajar con 1ºESO resulta tan enriquecedor como emocionante. Si por algo destaca el alumnado de este curso es por su alta motivación por el aprendizaje y sus inmensas ganas de participar en la clase. No importa el tema, siempre habrá algún alumno o alumna con la mano levantada para compartir una anécdota más o menos relacionada. Y es que en 1ºESO, la vergüenza adolescente aún no ha hecho su aparición y el alumnado se ofrece voluntario para leer, corregir o compartir en voz alta sus opiniones. Con frecuencia, es necesario reconducir la clase, ya que sus intereses derivan a menudo en cuestiones fuera de temario. Dotados de una inmensa creatividad, abundan en este curso las preguntas originales, que dejan al docente fuera de juego en cuestión de segundos. Otra de las ventajas del curso es que resulta ideal para llevar a cabo proyectos diversos, ya que a estas edades trabajar competencias es tan importante o más que los contenidos. En 1ºESO, no existe la presión de cursos superiores por abordar todo el temario y las experiencias motivadoras de aprendizaje tienen mayor cabida en las programaciones. Experiencias que no sólo apasionan al alumnado, sino que también agradecen explícitamente. 

Por los motivos mencionados, 1ºESO supone un reto para cualquier profesor habituado a dar clases en cursos superiores. A este nivel, la clase magistral desaparece para dar paso a intercambios dialécticos en torno al temario entre un adulto y treinta niños y niñas ávidos de aprender, de los que el docente deberá asegurarse que tomen nota en el cuaderno. Eso, que los mayores hacen de forma automática, debemos enseñárselo a los más pequeños. Ahora bien, la paciencia, el tiempo y la dedicación de cualquier maestro, no es retribuida sólo a través del salario, sino que viene devuelta con creces mediante la admiración, el cariño y los abrazos de todos esos niños y niñas y también, de muchas de sus familias.

domingo, 31 de julio de 2022

Querido abuelo IV

Hoy te escribo para compartir contigo la maravillosa experiencia que viví estos últimos días. Hace unas semanas, me preguntaron cuál fue mi motivación para empezar en el mundo del voluntariado. En un primer momento, contesté que era la necesidad de ayudar a otros, y que ser voluntaria me hacía muy feliz. Un instante después, caí en la cuenta de que ese impulso nació justo después de tu partida. Quizás sea casualidad, quizás sea la mía una motivación egoísta; pero lo cierto es, abuelo, que desde que tú no estás, compartir mi tiempo con los demás, da sentido a mi vida. Tú dedicaste la tuya a ayudar a otros y al hacerlo yo, siento más que nunca, que estás conmigo.

Empezaré contándote como llegué hasta aquí, abuelo. Aunque ya había sido voluntaria en programas de refuerzo educativo, llevaba tiempo buscando una experiencia más inmersiva. Siempre me atrajo la idea de conocer realidades distintas a las del alumnado que habitualmente tengo en el aula. Había escuchado los testimonios de otras compañeras y anhelaba experimentar algo parecido. Así fue como conocí los Campos de Trabajo y Misión Maristas y decidí inscribirme para colaborar durante una semana con las obras que la Fundaçao Champagnat tiene en Lisboa: las ludotecas de Adroana y Cabeço do Mouro y la Casa de Crianças de Tires.

Cuando visité estos lugares por primera vez, hubo algo que me llamó mucho la atención, abuelo. Los tres eran espacios llenos de luz y de color, que destacaban en un entorno que no lo era tanto; algo así, como oasis en el desierto. Los tres tenían la puerta abierta. Las ludotecas estaban en barrios periféricos de edificios gigantes, ropa en las ventanas y música caribeño/africana sonando en las calles. La Casa de Crianças, situada a las afueras de la ciudad junto a una cárcel de mujeres, parecía un castillo de cuento de hadas. En estos lugares, los niños y niñas pueden pintar, jugar y vivir, en cierta forma, ajenos a lo que los rodea. Espacios en los que todo el mundo es bienvenido, donde se cuida y protege a la infancia.

Pero sin con algo me quedo abuelo, es con las personas que conocí en el viaje; educadores vocacionales y, por supuesto, los niños y niñas que, sin apenas conocerme, me abrazaban y preguntaban si volvería al día siguiente. Niños y niñas que me dedicaron dibujos, me hicieron peinados y me enseñaron nuevos juegos. Niños que me saltaron a la espalda en plan Spiderman y niñas que me animaron a subirme a un monopatín. Niños y niñas que me enseñaron vocabulario en portugués que no sabía o no recordaba. Niños y niñas que me dieron tanto amor en unos días, que nunca voy a olvidarlos. Supongo, abuelo, que recibir más de lo que uno da, esa es la magia de ser voluntario. A mí me ha enganchado. OBRIGADA. 

miércoles, 6 de julio de 2022

La transmutación de la amistad

Aún recuerdo como si fuese ayer, aquellos días de instituto en los que nos firmábamos las carpetas unas a otras, declarándonos inseparables. Con diecisiete años, creíamos que siempre estaríamos juntas, que la distancia no podría con la amistad que alimentábamos a diario. En aquella época, nos separábamos únicamente unos días en vacaciones y a pesar de no tener móviles, siempre estábamos en contacto. Vivíamos felices, sin otras preocupaciones que los estudios y nuestras propias relaciones. Convertíamos nuestros desencuentros en auténticos dramas y al reconciliarnos, nos volvíamos a jurar fidelidad eterna.

Llegó el momento de irnos a la universidad, cambiar de ciudad y de repente, nuestros caminos se separaron. Intentamos mantener lo que teníamos, mas no fuimos capaces. Quizás alguna se esforzó más; quizás todas dejamos que se enfriase. En su momento, nos costó entender que no había inocentes ni culpables, que la vida es así y que la primera lección de la amistad y quizás la más importante, es que en muchas ocasiones, es circunstancial y dura un tiempo determinado. A estas amistades, de las que quizás solo tenemos noticias por redes sociales, las recordamos con la nostalgia y el cariño propios de la infancia. 

Tras quince años de escuela, en los que nuestra personalidad se diluía en la del grupo del que formábamos parte, teníamos la oportunidad de mostrarnos como personas nuevas: libres de roles, prejuicios o traumas. A algunas, nos llevó tiempo desvincularnos de esa idea romántica que teníamos de la amistad; de hecho, nuestras primeras relaciones en la universidad perpetuaban patrones del pasado. Con los años y las experiencias vividas, aprendimos a establecer amistades maduras: esas que nacen de intereses comunes, desde la independencia emocional y sin mayores expectativas. Quizás sean estas amistades, que nos acompañaron en el tránsito a la edad adulta, con las que sigamos compartiendo nuestra vida futura.

Finalmente, llega el momento de incorporarse al mundo laboral y asumir responsabilidades ajenas a nuestra antigua vida de estudiante. En esta etapa, tomamos consciencia de la falta de tiempo para cultivar la amistad, más allá de la familia y el trabajo. Si de adolescentes nos veíamos a diario, ahora lo hacemos una vez al año. Sin embargo, la calidad del tiempo que pasamos juntas prima sobre la cantidad. La amistad adquiere una nueva dimensión; se fundamenta en el deseo sincero de que la otra persona sea feliz, aún estando lejos o hablando muy de vez en cuando. Ya no se trata tanto de compartir, como de sentir que la otra persona está a nuestro lado en los momentos importantes. Esa, es la AMISTAD con mayúsculas, la amistad evolucionada. 

martes, 21 de junio de 2022

Querido abuelo III

Querido abuelo,

Perdona que haya tardado tanto en escribirte, estos meses han sido de locos. Tenías razón cuando me decías que a cada año que pasa, el tiempo transcurre más rápido. Quien me iba a decir en septiembre, que este curso me tocaría cambiar de ciudad y por primera vez, experimentar que se siente al vivir sola. Y es que este curso, he conocido un poco más la vida del profesor sustituto. Vaya por delante, abuelo, que he sido afortunada al poder terminar el curso, un lujo con respecto a todas las compañeras a las que les toca cambiar de residencia varias veces al año. Ahora que se acerca el final del curso y echo la vista atrás, siento la necesidad de compartirlo contigo.

Todo empezó a mediados de septiembre, cuando recibí una llamada de otra ciudad. Si algo bueno trajo la pandemia del COVID, abuelo, fueron las oportunidades laborales para profesores noveles. Integrarse en un colegio nuevo no es fácil y más con el curso empezado, pero gracias al apoyo incondicional de mis compañeros, pude hacerlo. Lo más estresante fue encontrar un lugar para vivir; en una ciudad grande, fue un poco más complicado. Gracias a la ayuda de otros profesores por redes sociales, me instalé en la que sería mi casa los próximos nueve meses. Resuelto el tema de la vivienda, pude centrarme ya en mi alumnado. Conocerlos con mascarilla fue extraño al principio, pero enseguida me acostumbré a verles la mitad de la cara. Te confieso abuelo, que en ciertos momentos, la mascarilla me ayudó a mantener el orden en el aula, pues sigo trabajando mi "cara de perro".

En unas cuantas semanas, me aprendí el nombre de todos mis alumnos. Ya sabes abuelo, que creo firmemente en el poder pedagógico de llamar a alguien por su nombre. Después de que me tomasen el pulso en el primer trimestre como viene siendo costumbre, empecé a conocer en profundidad a mis grupos de clase. Pasadas las vacaciones de Navidad, pude realizar con ellos otro tipo de actividades, más allá del currículum, que me permitieron descubrir sus puntos fuertes. Que importante es abuelo, realizar proyectos en el aula, contextualizar los contenidos para que cobren sentido en sus mentes. Es fascinante lo que se puede aprender de ellos. Los días complicados se olvidan en el momento en el que reparas en la mirada curiosa de un alumno motivado, en esa mano levantada queriendo saber más. Siempre lo digo abuelo, y es que los profesores, tenemos el mejor de los trabajos. 

Tras las vacaciones de Semana Santa, hubo un punto de inflexión en el curso escolar. Después de meses, nos pudimos quitar la mascarilla, lo que supuso de alguna manera, una vuelta a empezar. Fue curioso comprobar que los chavales eran si cabe más niños de lo que se podría imaginar. A algunos les costó un tiempo abandonarla y rebelar su identidad. Los profesores, en cambio, nos sentimos aliviados al recuperar nuestra voz y utilizar nuestra sonrisa. Siempre lo supe, abuelo, esas dos herramientas son capaces de transformarlo todo. Nos permiten conectar con nuestro alumnado y confraternizar con nuestros compañeros, para crear entre todos una gran familia y hacer del colegio un lugar al que todos nos guste ir. Educar nunca fue tan difícil como ahora, abuelo; los profesores hemos perdido autoridad, sufrimos el hostigamiento de algunas familias, al tiempo que recibimos el agradecimiento de otras. Nuestra vocación se somete a examen cada curso escolar: la mía este año, aprueba con nota.

Gracias por enseñarme a perseverar.

Te quiero,

Eva

viernes, 3 de junio de 2022

BREAKOUT PANDEMIA

 

La siguiente pista está encriptada en código César ROT-13. Coloca la circunferencia de dentro, haciendo coincidir el nº 13 con la letra A en la circunferencia de fuera.

Cnuf ynpnyyq cqzuouxuzn ybzqpnf

Código de las monedas:  

1 céntimo = S

2 céntimos = R

5 céntimos = U


AL NÚMERO QUE OBTENGAS RÉSTALE EL AÑO EN EL QUE APARECIÓ EL ÚLTIMO VIRUS PANDÉMICO Y OBTENDRÁS LA COMBINACIÓN PARA ABRIR EL CANDADO.












sábado, 11 de septiembre de 2021

Querido abuelo II

Querido abuelo,

Hace un par de años que no te escribo, aunque todos los días me acuerdo de ti. En la última carta, te conté que había dejado la investigación para dedicarme a la docencia. Quién me iba a decir por aquel entonces que me tocaría dar clases en plena pandemia. Telemáticamente primero y presencialmente después, con cambio de colegio de por medio. Ahora, como siempre que empieza un nuevo curso, me siento perdida. Que bien me vendría un consejo tuyo a estas alturas de mi vida. 

En estos tres años he descubierto que enseñar es lo que realmente me hace feliz, abuelo. A veces, no puedo evitar pensar que en el pasado he perdido el tiempo. Qué habría ocurrido si después de terminar la carrera hubiese empezado a perseguir este sueño? Tendría hoy un puesto fijo de profesora? Eso, nunca lo sabremos. Lo que sé seguro es que el aprendizaje y las personas que conocí en ese tiempo merecieron la pena. Cuando me sobreviene la incertidumbre sobre mi carrera, pienso en ti abuelo; tú tuviste varios trabajos hasta entrar en la residencia y tu primer sueldo, fueron unas cuantas pesetas.

Siempre me decías que era una idealista cuando me quejaba por las injusticias. Ahora sé que tenías razón. Trabajar en lo que a uno le gusta es un privilegio del que gozan pocos. En estos años, me he dado cuenta de que un trabajo apasionante puede darle sentido a una vida. Por supuesto que hay más cosas, abuelo, pero a esto dedicamos un tercio de nuestro tiempo. Estoy convencida de que entenderías la frustración que siento. Tantos años de formación, con cambios de casa y salidas al extranjero y, como tantos jóvenes de mi generación, sigo buscando mi lugar en el mundo en estos momentos.

Estamos en una nueva crisis, abuelo. Son tiempos difíciles para todos, pero no más que los que te tocó vivir a ti, huérfano de padre en el franquismo. Quizás los jóvenes de ahora somos egoístas o como lo tuvimos todo, inconformistas, pero yo no quiero dedicar mi tiempo a algo que no me hace feliz, abuelo. No es que me sienta ni más ni menos que nadie, pero me niego a trabajar por cuatrocientos euros. Aspiro a algo más que a un trabajo que me dé sustento. Educar es mi elemento y aunque el camino sea difícil, no quiero renunciar a ese sueño. Pensar en ti me da fuerzas para ello.

Te quiero,

Eva

domingo, 9 de mayo de 2021

El laboratorio en Biología 3º ESO

La materia de Biología y Geología en 3º ESO dispone de solo dos horas semanales, siendo necesario en la práctica reducir el currículum por falta de tiempo. La materia se divide en tres grandes bloques: la célula como unidad estructural y funcional de los seres vivos, las personas y la salud y el estudio del relieve terrestre, además del método científico que se trabaja transversalmente en todos los temas, para  terminar el curso realizando un proyecto de investigación. La decisión de impartir Geología quedará al criterio del centro o del profesor, siendo una de las opciones más realistas suprimir esta parte, que se trabajará en profundidad en 4º ESO al estudiar la tectónica de placas. Por tanto, una posible distribución de la materia por evaluaciones sería la siguiente: la célula en la primera, la dieta y la salud en la segunda y la anatomía humana en la tercera. ¿Qué prácticas de laboratorio se pueden realizar entonces?

En la primera evaluación, comenzaremos con una práctica sobre normas de laboratorio y manejo del microscopio. A este respecto, debemos ser conscientes de que aprender a usar el microscopio es algo que lleva tiempo a los estudiantes, siendo probable tener que dedicar varias sesiones a ello. Una vez sepan utilizarlo y tras haber explicado en la teoría las partes de la célula, ya podremos pasar a la práctica de observación de muestras, ya sea in vivo (levadura) o previa tinción (células vegetales en cebolla). Para estas prácticas hay muchos guiones disponibles en la red; además, los materiales necesarios los encontramos en cualquier laboratorio escolar: microscopio, portaobjetos, cubreobjetos, vidrios de reloj, pinzas, colorantes y poco más. En relación a las dificultades que puedan surgir, lo más frecuente es la ruptura de portaobjetos por parte de los estudiantes al acercar demasiado la platina a los objetivos. Nuestra misión es procurar que no se corten con los restos, ni se manchen con los colorantes.

En la segunda evaluación, nos centraremos en el estudio de los alimentos y la dieta. Para ello, resulta muy interesante, llevar a cabo una práctica de análisis del etiquetado de los alimentos. Una vez proporcionemos a los estudiantes la información que debe estar incluida en una etiqueta, les pediremos que analicen algunas, pudiendo ser ellos mismos los que traigan una pequeña colección de casa. A continuación, pasaremos a realizar la práctica de reconocimiento de nutrientes en los alimentos, principalmente glucosa, almidón, grasas y proteínas. En esta práctica, será el profesor quien prepare los distintos reactivos (Fehling, lugol, Sudán III y reactivo de Biuret, respectivamente) y los ponga a disposición de los estudiantes. En el caso concreto de la glucosa, se necesita calentar con mechero; lo más prudente en este caso es que sea el docente quien realice el procedimiento y ellos observen. 

En la tercera evaluación, entramos de lleno en el estudio de la anatomía humana. Si nuestro laboratorio dispone de modelos de los distintos órganos, aparatos y sistemas, que los estudiantes puedan manipularlos será una opción estupenda para su aprendizaje. Esta práctica, los alumnos, la suelen disfrutar especialmente, si bien son frecuentes ciertos incidentes, como el juego con los cráneos, el hurto de algún elemento de laboratorio y por supuesto, el bullicio generalizado que impide al profesor llevar a cabo las explicaciones y que se da siempre que los estudiantes salen del aula.

jueves, 6 de mayo de 2021

SOS adolescentes

Que los adolescentes son un colectivo vulnerable a los problemas de salud mental es una cuestión harto conocida por familias y docentes. Que la fatiga pandémica se ha cebado especialmente con ellos, es un hecho contrastado por los que compartimos su día a día en las aulas. Muchas veces me cuestiono porqué ahora parece que los jóvenes tienen más problemas mentales que antes. Cuando yo iba al instituto, pocos niños o casi ninguno acudían a terapia con especialistas (al menos que yo tenga conocimiento); a día de hoy, las consultas de psicólogos infanto-juveniles están colapsadas de niños con déficit de atención e hiperactividad, trastornos de ansiedad, depresión y un montón de cosas más. 

A veces, creo que los niños de ahora no tienen la resiliencia de antaño. Quizás sea por haber sido criados entre algodones, les cuesta mucho afrontar los problemas y encajar los fracasos. Pueda derivarse esta actitud de la sobreprotección paterna, que impide a los hijos tropezar, en lugar de ayudarlos a levantarse. Este comportamiento se hace patente, por ejemplo, cuando el niño no pregunta al profesor, sino que es el padre o la madre el que envía un comunicado para decir que su retoño no ha entendido algo. Y así, a pesar de que vayan creciendo, los seguimos infantilizando. Pero este no es un problema exclusivo de los padres, sino que también los profes somos responsables, pues nos sorprendemos a nosotros mismos subrayando el libro de texto a estudiantes de dieciséis años, privándolos así de la capacidad de discernir lo importante.

Otras veces, pienso que los adolescentes de ahora se enfrentan a problemas más graves que los que teníamos antes, debido en gran parte al impacto de las redes sociales. La generación analógica ha dado paso a la generación tecnológica, que durante su primer año de vida ya aprende a manejar la tablet. Los niños, como los adultos, se vuelven esclavos de las pantallas, y su personalidad pasa a estar directamente influenciada por las redes sociales. Si aceptarse durante la pubertad ya es difícil de por sí, imitar los cánones actuales es peligroso a la par que inquietante. Los niños ya no aspiran a ser como sus padres o sus profesores, sino que quieren vivir de las redes como sus ídolos hacen. Moda y videojuegos, esas son sus prioridades. Si a todo esto sumamos la incertidumbre sobre a qué dedicarse, la imposibilidad de pasar tiempo con los amigos o la desmotivación provocada por la pandemia, bastante hacen los pobres con seguir adelante.

A la presión por encajar, característica de estas edades, hemos de añadir la presión por "ser perfectos", que algunos padres imponen a sus hijos. Sorprende enterarse como alguno que otro castiga a su hijo sin móvil por bajar del 9 al 8,75. En el otro extremo, están los que tras un curso entero de incidencias, aún no han decidido manifestarse. Lo social, lo de casa y desgraciadamente, el acoso virtual; porque si algo les importa a los chavales es lo que opinen sus iguales. Es aquí donde los móviles se convierten en armas con las que se hieren unos a otros profundamente. Cuando en mi época se metían con nosotros en el patio del colegio, teníamos donde refugiarnos, en la desconexión de nuestros hogares. Ahora, los adolescentes que sufren, no tienen lugar a donde escaparse, aunque siempre les quedará la escucha comprensiva y el abrazo amable de un profesional, de un profesor o de un padre. 

Querido abuelo IX

Querido abuelo, Hoy, después de casi un año, te escribo para contarte que siento un vacío grande en el estómago y en el corazón. Este año, d...